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Cuando hablamos de microfinanzas, normalmente la mayoría de las personas la relacionan con la prestación de un servicio financiero que esta intrínsecamente limitado a un crédito para un pequeño empresario; sin embargo, esto fue así en sus inicios, y dado que la microfinanza es una industria muy joven, ha venido evolucionando de forma vertiginosa y dinámica, y ha tenido altibajos, pero también nos hada dejado importantes aprendizajes para poder entender mejor las necesidades reales y potenciales de los microempresarios.

Hoy, la relación entre un microempresario y una institución de microfinanzas va más allá de un simple préstamo denominado comúnmente como un “microcrédito”, el cual está básicamente destinado a la inversión en el negocio para fortalecimiento de inventarios, adquisición de activos fijos para uso del negocio, pago a proveedores y financiamiento de cuentas por cobrar para estabilizar los períodos de cobranza, generando liquidez inmediata al negocio.

La fuente de pago para honrar el préstamo es precisamente el flujo económico que genere el mismo negocio; con el pasar de los años las microfinanzas han venido marcando un continuo paso hacia la evolución, hemos visto que hoy día las instituciones de microfinanzas operan bajo distintos modelos de negocios y estatus legales, los hay desde ONG, cooperativas de ahorro y crédito, financieras reguladas, bancos especializados en servicios de microfinanzas, e inclusive, los mismos bancos tradicionales han incursionado en la industria en un afán de competir por la participación en el mercado y no dejar pasar las grandes oportunidades de desarrollo que la industria ofrece.

La incorporación de distintos competidores que han evolucionado en las microfinanzas ha venido aparejada con el desarrollo de nuevos servicios, muchas de ellas con su crecimiento han pasado de ser ONG a instituciones de microfinanzas reguladas, autorizadas a captar “depósitos” del público como un nuevo servicio financiero, lo que hace que mejoren sus niveles de eficiencia y operen con costos operativos más bajos.

También han incorporado a su portafolio de inversiones nuevos productos que les permiten diversificar sus ingresos distintos a los de la cartera de créditos.

Actualmente, es normal encontrarse con organizaciones que promueven y ofrecen a los clientes servicios complementarios como los “seguros”, donde se pueden notar que hay para distintos tipos de cobertura de riesgos o eventualidades, tales como el seguro de desgravamen, que implica un costo adicional a la tasa de interés que debe pagar el cliente, y que cubre el monto total de la deuda en caso de muerte o fracaso del negocio.

También hay otros tipos de microseguros como los de cobertura de riesgos para los negocios agropecuarios de pequeña escala, pero hay más servicios en el mercado como los microwarrants, que son una especie de almacén de depósitos para cultivos específicos, donde las instituciones de microfinanzas otorgan préstamos para los pequeños agricultores.

Luego los pequeños agricultores depositan sus cosechas en los almacenes mientras esperan que el precio de sus productos logre mejores niveles de rentabilidad para ellos, sin dejar de mencionar a los “Micro Leasing”, que son productos específicos para obtener bajo arriendo financiero con opción a compra nuevos activos fijos destinados a apoyar el incremento en la productividad del micronegocio.

Actualmente, existe un proyecto encaminado y bien organizado por la Redcamif, que consiste en ofrecer por parte de las instituciones de microfinanzas los servicios de “Micro Pensiones”, destinados a todos aquellos microempresarios que por su naturaleza no están incorporados al mercado laboral formal.

 

* Subdirector regional de Microfinanzas Bolivianas