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La violencia doméstica cuesta a Nicaragua de forma directa unos US$168 millones anuales; es decir, el 1.6% de su Producto Interno Bruto, PIB, pero de acuerdo con especialistas el impacto en la sociedad es mucho mayor por una serie de efectos colaterales, como el aumento de la pobreza.

Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, la violencia contra las mujeres por parte de sus parejas representa un grave problema de salud pública y un importante obstáculo para el desarrollo socioeconómico, pues produce una alta carga de morbilidad y mortalidad evitable, generando a la sociedad grandes pérdidas de costo-oportunidad.

“En Nicaragua, según un estudio del BID, la violencia contra las mujeres le cuesta al país el 1.6% de su Producto Interno Bruto”, indicó Violeta Delgado, integrante del Movimiento Autónomo de Mujeres.

Cifras condominioDelgado precisó que sus cálculos se basan en un estudio de los años 90, y argumentó que en el mejor de los casos esa cifra se mantuvo, pero agregó que muy probablemente aumentó.

El porcentaje, indicó Delgado, lo calculó el BID con base en el presupuesto que el Estado de Nicaragua debía invertir en la atención a salud, el tiempo salarial de los médicos, las enfermeras, las intervenciones quirúrgicas, las atenciones psicológicas y los recursos que debía destinar la Policía Nacional en atender las emergencias.

El Banco Central de Nicaragua, BCN, informó de que el PIB alcanzó los U$10,500 millones al terminar 2012; es decir, que la violencia contra las mujeres costó al país US$168 millones (el 1.6% del PIB).

Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer, aunque en Nicaragua la situación para ellas es más difícil que para los hombres.

Según un estudio de Manpower efectuado en 2009, en México, y Centroamérica, el ingreso económico de las mujeres por el mismo trabajo que efectúan los hombres es menor en un 25%, mientras que en Estados Unidos la diferencia es de 20%.

En Nicaragua, las mujeres víctimas de violencia física grave perciben menos de la mitad de los ingresos laborales que las mujeres no víctimas, añadió el BID en un estudio.

Más pobreza

El BID destacó que en Nicaragua el 32% de las mujeres entre 14 y 49 años son víctimas de violencia física severa, y que el 63.1% de los hijos de mujeres víctimas de maltrato severo han repetido alguna vez un año escolar, lo que genera más pobreza.

“La violencia contra las mujeres tiene serias consecuencias para el trabajo, pero rara vez es considerada como un tipo de violencia que concierne a las empresas”, dijo Delgado.

De acuerdo con el BID, los hijos de mujeres víctimas de violencia física severa abandonan la escuela cuatro años antes que el promedio general, y en los hogares donde existe violencia física grave contra las féminas, los menores son 100 veces más propensos a ser hospitalizados.

La Organización Mundial de la Salud, por su parte, resaltó que “la violencia contra las mujeres tiene altos costos intergeneracionales”.

El BID precisó que el 41% de las mujeres que no trabajan de forma remunerada son víctimas de violencia física grave, pero solo el 10% de las que labora y recibe ingresos sufre maltrato.

El BCN informó que al finalizar 2011, las mujeres representaban en Nicaragua el 50.5% de la población.

Alto costo para las empresas

A pesar de que las empresas se han mantenido al margen de esta realidad, por considerarla privada o fuera de su competencia, la violencia contra las mujeres también provoca pérdidas al sector privado.

La Organización Internacional del Trabajo, OIT, señaló que en el mundo las pérdidas laborales causadas por el estrés y la violencia  representan entre el 1% y el 3.5% del PIB de cada país.

Según ese organismo, en el mundo los costos de la violencia para las empresas oscilan entre los US$1,000 millones y los US$25,000 millones.

La OIT añadió que las trabajadoras que sufren violencia por parte de sus parejas son menos productivas, tienen menos posibilidades reales de invertir en su capacitación y presentan ausentismo laboral.

Discriminación laboral persiste

Melba Castillo, especialista en Educación del Centro de Investigación y Acción Educativa Social, Ciases, manifestó que la desigualdad laboral persiste en Nicaragua a pesar de que las tasas netas de matrículas femeninas en secundaria y en la universidad son más altas que las masculinas.

“En el caso de Nicaragua, las mujeres han aprovechado mejor las oportunidades educativas, ya que hoy día tienen un mayor nivel educativo. Sin embargo, el problema está en la estructura del mercado laboral, que no ofrece suficientes empleos de calidad, y por ello las mujeres se ven obligadas a continuar desempeñándose en el sector informal, de baja productividad y por ende, de bajos ingresos”, afirmó la especialista.

Una encuesta elaborada en 2011 por la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global, Fideg, explicó que de cada 100 hombres en edad de trabajar, 79 se encontraban activos, mientras que de cada 100 mujeres solo 47 laboraban.

Agregó que el 57.6% de las mujeres ocupadas se encontraba en condición de subempleo y que el 41.5% trabajaban por cuenta propia, mientras que solo el 30.6% de los hombres lo hacía de esa forma; es decir, que la informalidad laboral afectaba más a las mujeres que a los hombres.