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Producto de atenta invitación del Consejo Editorial de El Nuevo Diario, iniciamos hoy una relación que –como Presidente de la Cámara de Comercio Americana de Nicaragua- espero sea de dos vías; que sea para todos los empresarios –afiliados o no a AmCham-, es decir, tanto para los micros y pequeños, como para los medianos y grandes empresarios de nuestro país. Es por ello que, en este importante medio de comunicación nacional, a partir de hoy y quincenalmente se encontrarán con su columna: “El Pueblo Empresario”

Así es: El Pueblo Empresario. Y lo hacemos de esa forma porque es importante estar claros que en nuestro país, el 80% de los empleos productivos –formales e informales- son generados por la micro, pequeña, mediana empresas; eso quiere decir, que al fin y al cabo, la mayoría de nosotros somos un pueblo empresario.

Para crecer como necesitamos, precisamos reforzar nuestra institucionalidad, para que -como lo han logrado algunos vecinos, Costa Rica, Uruguay, Chile-, nuestro futuro esté garantizado. Futuro en desarrollo, en progreso, en crecimiento, en bienestar, con mejores escuelas y hospitales, sin niños mendigando, teniendo instituciones fuertes y al servicio de todos, junto a la excelente seguridad ciudadana, nuestro potencial humano y los enormes recursos naturales.

Estoy seguro que nuestro crecimiento económico sería el doble –o hasta más– de lo que hemos alcanzado. Eso, junto a una población con acceso a la educación –educación de calidad, por supuesto– serían básicamente los elementos necesarios para construir una nación en desarrollo y verdaderamente exitosa en la lucha contra la pobreza.

Al asumir hace pocos días la Presidencia de AmCham, dos de los ejes principales de mi participación desde la gremialidad empresarial serán la generación de empleos y la educación. Ambos asuntos van de la mano. Un pueblo con mejores niveles de educación significa una mano de obra de mayor calidad para atraer las inversiones nacionales y extranjeras, que es la única forma conocida para salir de los niveles de pobreza que padecemos.

Cuando señalo educación, me refiero a todos los niveles. Desde la educación primaria hasta las maestrías en las universidades públicas y privadas. Tenemos la obligación de revisar lo actuado y promover los cambios de timón que sean necesarios para enderezar el rumbo de esta nave llamada Nicaragua y en la que todos vamos a bordo.

La victoria que debemos alcanzar –la lucha contra la pobreza– se logra con un pueblo instruido, reglas claras, respeto a la propiedad privada, y lo más importante: un Sistema Judicial transparente. Los nicaragüenses nos merecemos la oportunidad de avanzar económicamente en justicia social para que, de una vez por todas, seamos dueños de nuestro propio destino. Ese es nuestro reto.

Amigos: en las próximas ediciones procuraré hacer referencia a los temas de actualidad que tengan incidencia en el quehacer económico de nuestro país. Espero que nuestra contribución sea útil. Estoy para servirles a todos. Al agradecer a El Nuevo Diario este espacio quincenal, invito a los lectores a enviarme sus sugerencias, críticas o comentarios a: presidencia@amcham.org.ni