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La combinación prometía un éxito empresarial. Una nicaragüense y un escocés, atados por asuntos del amor, decidieron aventurarse también en la faceta comercial. El escenario: Estelí. El resultado: la finca La Casita, que ofrece a los turistas naturaleza y productos orgánicos.

La nicaragüense Emma Lucía Gutiérrez y el escocés David Thompson (nacionalizado nicaragüense) comenzaron en 1994 con el proyecto de La Casita, una finca que diversificó su oferta y está ubicada a la orilla de la Carretera Panamericana en la entrada de Estelí, exactamente en el kilómetro 144 1/2.

“Iniciamos con cuatro personas, nosotros dos y dos familiares”, relató Gutiérrez.

El negocio ahora tiene unos 12 empleados.

La Casita es una finca en la que los visitantes pueden relajarse y disfrutar de la naturaleza, pero también tienen a su disposición desde refrescos naturales, tortas de banano, bizcochos, mermeladas, yogures y productos orgánicos que son cosechados en el mismo local, dijo Gutiérrez.

Según Gutiérrez y Thompson, --quien ya habla a la perfección el español--, en la finca promueven la conciencia ambientalista.

“Aquí el visitante puede adquirir plantas ornamentales y frutales a precios justos”, dijo Gutiérrez.

“Tampoco somos celosos en cuanto a las recetas de nuestros productos, porque la idea es que otros lo implementen”, añadió.

Cuando el matrimonio inició con la microempresa, el lugar tenía pocas plantas y contaba con un riachuelo que se secaba en enero. Ahora la corriente de agua fluye en todo momento, gracias a un programa de reforestación que en la zona han impulsado Gutiérrez y Thompson.

Lo que ofrece

Miguel Ángel Martínez, un productor de Estelí, retomó el ejemplo del matrimonio Gutiérrez-Thompson, y ha diversificado los productos y servicios en su finca de cuatro manzanas.

Explicó que antes solo cultivaba frijoles y maíz, pero ahora siembra cítricos.

El ingreso a La Casita tiene un costo, que Gutiérrez no precisó, pero indicó que a cambio los visitantes pueden observar flores exóticas, pájaros, peces y disfrutar de tres áreas de parque.

Thompson y Gutiérrez, además, compran a productores de fincas aledañas la leche que utilizan para elaborar yogures y otros productos.

“La meta es mantenernos brindando un servicio de calidad a nuestros usuarios y llevar a la vez el mensaje ecologista”, dijeron.

En La Casita un servicio de pan integral con mermelada y refresco no cuesta más de C$35.

“No hemos querido expandirnos porque precisamente lo que deseamos es fortalecer el nivel de conciencia ambientalista tanto a quienes nos visitan como a nuestros vecinos”, añadieron.

Educación

La finca también funciona como un laboratorio gratuito para los estudiantes de primaria y secundaria, y hasta para los universitarios que cursan carreras de Ciencias Ambientales.

En el local, los estudiantes aprenden el proceso de elaboración del abono orgánico.

Gutiérrez evitó referirse a las ganancias que logran con La Casita, pero sostuvo que una parte de los ingresos son usados para el mantenimiento del local, que en promedio recibe entre 80 y 120 personas cada fin de semana.

También han establecido alianzas con microempresarios de otros departamentos, como Masaya, León y de la zona Norte.

El propósito, según Gutiérrez, es evitar a los intermediarios para no encarecer los productos. En el local, precisó, no venden bebidas alcohólicas ni permiten a los clientes ingresar con ese producto.

 

Los visitantes

En el verano el número de visitantes por día que llegan a la finca La Casita es de 200.
Dos de ellos son René Zeledón y Nubia García, quienes llegaron desde León y Matagalpa, respectivamente.
Emma Lucía Gutiérrez, copropietaria del negocio, señaló que cuentan con un área de viveros (plantas pequeñas) de aproximadamente cinco manzanas.
En otras cinco manzanas cosechan las frutas para elaborar refrescos y batidos naturales.