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Cuando hablamos de operaciones de microfinanzas, lo primero que pensamos es en las operaciones típicas de otorgar un crédito y captar depósitos sean estas supervisadas por la Conami o por la Siboif; sin embargo, más allá de este enfoque tradicional, hay un sinnúmero de elementos que deben de considerarse para poder generar rentabilidad social y financiera, pero también gozar de una relación duradera que termine en excelente reputación ante la sociedad, el cliente y las leyes de cada país.

Nos referimos a la importancia de poder fortalecer en las Instituciones de Microfinanzas la cultura de Supervisión de las operaciones de microfinanzas tanto en la cartera activa como en la pasiva, así como en otras áreas que son sensibles a los ataques de operaciones ilegales y que causan perjuicio económico, legal y reputacional en las organizaciones.

Si analizamos el contexto social y financiero en el que operan las instituciones de microfinanzas notamos rápidamente que trabajan con un segmento de clientes que están muy expuestos a la penetración de operaciones ilegítimas, pues al operar en el sistema informal se convierten en presa fácil para poder canalizar recursos que provienen de actividades ilícitas y que de una forma o de otra terminan en blanqueo de capital.

Asimismo, cualquier institución de microfinanzas también se encuentra muy expuesta a ser penetrada por grupos altamente organizados que realizan operaciones indebidas. Esto resalta la importancia de entender y reforzar más los aspectos básicos como el Perfil Integral del Cliente (PIC) que no basta solo con saber dónde vive y si tiene negocio, sino también conocer las relaciones con proveedores, clientes, fuentes de ingresos.

Se deben conocer de forma bien estructurada y notar si el crecimiento patrimonial del cliente se corresponde con el nivel de ingresos percibidos y declarados, conocer todas las características particulares que podrían determinar si un cliente es apto para poder abrir una cuenta de ahorro o si bien es meritorio otorgarle un préstamo para fortalecer el negocio.

Todo con el fin de extender hacia todo nivel de la organización la relevancia que cobra el conocer bien al cliente y evitar riesgos reputacionales por una débil gestión de control y supervisión de las operaciones de microfinanzas.