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Mucho se ha comentado sobre los accidentes de tránsito como la primera causa de muerte en Nicaragua.

No obstante, es necesario señalar que las acciones que puedan ser tomadas por los diferentes estratos de las sociedades civiles, gobiernos, ciudadanía, ONGs, distan mucho de ser en manera alguna, efectivas, tomando en cuenta el ethos social del nicaragüense.

La verdadera primera causa de muerte no son los accidentes de tránsito, sino la indiferencia del conjunto de la sociedad.

El formidable informe del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp) del 5 de diciembre de 2012, puso en perspectiva la alarmante situación, con recomendaciones precisas efectuadas a los distintos entes, especialmente, la necesidad de reformar la Ley No. 431, la cual no es más que un prontuario administrativo sin “dientes” para cambiar conductas, entre otras puntuales sugerencias, tales como mayor capacitación a los agentes de Tránsito, mejorar sistemas de información de accidentes, etcétera.

En cualquier sociedad no indiferente, se hubiese iniciado de inmediato un debate para desarrollar un plan de acción que pueda hacerle frente a esta epidemia, pero, ¿qué pasó? No ocurrió nada, cero debate, cero planteamientos; pura alharaca y cuadro de algunas personas por cuyos cargos y funciones dentro del país, deberían -al menos desde el punto de vista moral- convocar y liderar a la ciudadanía, empresas cuyos productos y servicios tengan incidencia en la problemática, para así desarrollar con base en este plan de acción, una priorización básica de medidas. Nada ocurrió.

Muchas veces para entender a esta sociedad, se tiene que recurrir al recurso de reducción al absurdo, reductio ad absurdum, para determinar una contradicción que haga sentido en la lógica al revés del imaginario social nicaragüense, el cual me hace pensar entonces, que deben haber intereses que estén a favor de las muertes, lesionados, pérdidas materiales, pero sobre todo, el cercenamiento de las capacidades productivas, para que se sostenga dicha coyuntura de inacción y acercadeísmo (hablar eternamente de los problemas sin resolverlos).

Bajo este recurso conjetural, deben -necesariamente- existir sectores interesados en que esta carnicería se mantenga, ya que de otra manera, mínimamente se atacaría el problema ¿Será entonces -y no me critiquen por absurdo- que sí hay gente interesada en que mueran tantas personas? Será que hay sectores organizados cuyos trabajos formales están en las instituciones encargadas de resolver estos problemas, pero cuyo “sidebusiness” es el ofrecer a precios convenientes: servicio de ataúdes populares, preparación de cadáveres, floristería, pompas fúnebres, organización de eventos y banquetes con invitaciones, nichos en camposantos, lápidas y marmolería, placas metálicas, impresos para invitaciones, publicidad y pautación en medios, seguridad de eventos, vigilancia en parqueos, compra de chatarras, pulgueros de artículos personales ya sin dueño, -y un largo etcétera- que no deja de ser lógico, pensando en la indiferencia manifiesta de estas personas.

Octavio Paz aplicaba a sus connacionales la frase que es también nuestra como nación: “La indiferencia del nicaragüense ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida”.

 

noalosaccidentes.wordpress.com