Jorge Eduardo Arellano
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Energía improductiva

Es un concepto comúnmente compartido que la energía, igual que todo trabajo humano, debe encaminarse a mejorar las condiciones de vida de las personas, como fin último. Sin embargo, en una economía tan poco desarrollada como la nuestra, es difícil pensar que el sector residencial consuma el 47.6% de la oferta total de energía, tal como lo indican los datos de 2006.

En esta escala, el sector que ocupa el segundo lugar en consumo de energía es el sector transporte con el 24.5%, lo que efectivamente da fe de nuestros comportamientos y prioridades. Seguidamente figura el sector industria con un 13.9% del consumo total de energía, lo que facilita inferir que ésta no es una industria de desarrollo masivo ni está enfocada a producir para exportar, y que mas bien apenas logra producir una parte del pan y otros productos para el consumo nacional, pero dependemos hasta en las chiverías de productos externos manufacturados.

Ocupa el cuarto lugar la agrupación de tres sectores como son: el comercio; el sector público, que es el Estado; y los servicios como salud, educación y más; todos ellos con un 11% del consumo total de energía. Finalmente y para no dejar dudas respecto al sistema de prioridades que ha imperado, el sector agropecuario se encuentra en el último lugar con un espectacular 1.8% del consumo total de energía, para la fecha citada.

De aquí que no es difícil identificar un raquítico desarrollo de este sector, ajeno a las tecnologías modernas de bombeo y riego, electrificación de cercas para el manejo del ganado, transformación primaria de calidad que evite pérdidas y optimice la calidad.

El sector domiciliar debe asumir una actitud más consecuente con este consumo energético, sobre todo por el alto precio. La industria promueve los métodos de producción más limpia, logrando reducir el consumo en un 27%. El sector estatal ha adoptado distintas medidas de ahorro energético en las instituciones.