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Una de las paradojas de la Seguridad es que a priori no se pueden ilustrar con precisión los retornos sobre la inversión en ella, resultando que la alta dirección piense que no vale la pena invertir recursos en ella más allá de lo que aparenta ser obvio.

Esta es una de las trampas mentales más comunes cuando se quiere convencer a alguien que la inversión en seguridad debe ser efectuada como un imperativo de negocio, mucho más allá de lo que se puede considerar “obvio” o “razonable”, ya que este término dependerá de cuántas personas participen en la discusión.

Veamos un caso. Recientemente en una empresa con operaciones regionales, el gerente de Seguridad se quejaba de las dificultades para convencer a la gerencia general, para invertir en un sistema de Respuesta ante la Emergencia adecuado a la inversión productiva, como resultado de recomendaciones por un estudio de una compañía independiente.

Se evidenció la resistencia gerencial en hacer reinversión de utilidades para traer a estándares internacionales todo el sistema de protección contra incendios, previniendo y mitigando así un evento que pudiera a escalar a mayor con altísimas pérdidas materiales, y eventualmente, humanas.

No hubo eco alguno, se argumentó sobre la personalidad de los propietarios, la priorizada inversión urgente en capacidad adicional de proceso, la necesaria adquisición de equipos y maquinarias de punta, así como la perentoria creación de nueva infraestructura. La inversión en seguridad “no competía” en igualdad de condiciones ante el rígido orden de prelación establecido por la alta dirección.

Si algo se cumple en este mundo es Murphy: “Todo lo que pueda salir mal, ocurrirá”. En unos meses a partir del estudio, se originó un fuego que consumió la casi totalidad de las instalaciones de proceso y almacenamiento, causando pérdidas centenares o miles de veces mayores que lo que hubiese sido la inversión en un sistema de Respuesta ante la Emergencia comparable a la inversión productiva.

Las paradojas de la Seguridad quedan expuestas solamente a posteriori, cuando ya te ocurrió el evento catastrófico y no hay forma de retroceder la película, que marca el inicio también del vicioso concurso de echar la culpa, muchas veces enfocándose en chivos expiatorios o en factores ilusorios, con la gustada competencia del “yo se los dije”.

A veces se destina una alta cantidad de energía organizacional enfocándose en situaciones menores de incidentes, que pueden ser corregidas con un modelamiento de conducta más visible por parte de las gerencias superiores, perdiéndose de vista la posibilidad de un evento catastrófico al no invertir -o hacerlo pobremente- en infraestructura y capacitación de prevención y respuesta ante eventos que pueden dejar a la empresa fuera del mercado (Seguridad de Procesos).

Se piensa erróneamente entonces que la inversión en seguridad es un gasto, cuando debería ser la primera de las inversiones que debe efectuarse como condición fundamental antes que otros emprendimientos productivos. No ver lo obvio colectivamente es una tara organizacional que también requiere urgente tratamiento.

 

noalosaccidentes@gmail.com