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Recientemente, se ha publicado en la página portal de microfinanzas del CGAP, un reportaje que se titula “La era de las microfinanzas, destruyendo economías desde abajo”, escrito por el señor Milford Bateman, e inicia el reporte con un resumen sobre los inicios de las microfinanzas por los años 70’, cuando el célebre y protagonista de esta joven industria, el señor Muhammed Yunus, identificó en su país, Bangladesh, una forma de contribuir a paliar la pobreza, fomentando el autoempleo por medio de pequeños préstamos.

En este reporte, Bateman critica fuertemente al modelo de las microfinanzas y a los gobiernos neoliberales particularmente, argumentando en su análisis que dichos programas no son más que modelos de política “anti-desarrollo” e “infantiles” que promueven la des-industrialización y la informalidad de las estructuras sociales y económicas en los pueblos de Latinoamérica y que en lugar de ser una herramienta de alivio contra la pobreza, contribuye más bien a incrementar la privación y el rezago socioeconómico de los microempresarios.

Bateman define, además, a las microfinanzas como un programa que canaliza escasos recursos económicos a la empresa “equivocada” pues entrega créditos a empresas altamente ‘’improductivas’’ y que además constituyen un blanco perfecto para enriquecer a las instituciones por medio de las altas tasas de intereses que cobran a los microempresarios dejándolos aun más pobres, sobre todo en mercados ya saturados como Bolivia, Perú, Colombia y México.

Si bien, mucha razón tiene el señor Bateman en afirmar que las altas tasas de intereses cobradas en algunos mercados de la región de Latinoamérica fustigan el crecimiento de los pequeños negocios, sobre todo por aquellas instituciones que nacieron como ONG enfocadas en servir a los más pobres y luego evolucionaron hasta convertirse en entidades con fines de lucro, donde lo que prevalece es la rentabilidad económica en lugar de la social.

Como también es cierto que algunos gobiernos no han fomentado la regulación de esta industria, contribuyendo así a la formalización de sectores económicos y sociales, el establecimiento de un marco legal con actores más robustos en términos de fiscalización y soporte económico, sin embargo, es muy imperante mencionar que si no fuera por los programas de microfinanzas “anti-desarrollo”, como los llama Bateman, que se llevan a cabo en la región, a un poco mas de 19 millones de personas en América Latina les sería negado el derecho a tener una oportunidad de trabajo, de dignificar y llevar el sustento a sus hogares, así como también se les negaría el acceso a la educación financiera-básica, a la salud, y asistencia técnica para el caso de los microempresarios rurales.

Asimismo, mucho se ha logrado en términos del empoderamiento de género femenino al que han contribuido algunas instituciones en la región, pero más importante que esto es la pregunta: ¿Quién más les daría esta oportunidad a estos 19 millones de personas?, ¿los gobiernos centrales y/o locales?, ¿o el señor Bateman? ¡No lo creo!

 

* Subdirector regional de Microfinanzas Bolivianas