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Se consideran “orgánicos” aquellos productos que en ninguna etapa de su producción intervienen fertilizantes, herbicidas o pesticidas químicos, así como tampoco en los suelos donde son cultivados y en cambio, se ha procurado optimizar las relaciones entre las fuerzas vivas de la naturaleza: el suelo (fertilizado con métodos naturales), el aire, el agua, el sol y las distintas poblaciones de seres vivos en el agro-ecosistema.

Para llamarse “orgánica” a la producción animal y vegetal, la recolección de especies silvestres, la acuacultura y la agroforestería, deben cumplir con estándares rigurosos, establecidos por organismos ampliamente reconocidos a nivel internacional y oficialmente autorizados por los Estados. En Nicaragua, estas certificadoras deben acreditarse en el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific) y son reguladas por el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor).

Para certificar el cumplimiento de estos estándares, los productores se someten a un proceso de análisis y pruebas, en el cual agencias certificadoras vigilan y comprueban el cumplimiento de la norma orgánica.

Las instituciones que promueven el consumo de productos orgánicos, como el Centro de Exportaciones e Inversiones Nicaragua (CEI), han tenido que seguir distintas estrategias de rastreo y búsqueda en la comercialización de productos orgánicos. Actualmente, no se sabe con certeza qué porcentaje de la producción se comercializa y consume en el país, ni tampoco cuánto se exporta.

En Nicaragua se produce tubérculos, café y otros granos, frutas, nueces, lácteos, algodón, miel; productos industrializados como el chocolate o el queso, frutas deshidratadas o congeladas, vinos, mermeladas, salsas, tés y otras bebidas; todos ellos certificados y bajo los estrictos controles que demanda esta certificación, sin embargo, ¿dónde podemos encontrar las estadísticas de exportaciones de estos productos a nivel nacional? Es importante conocer a qué mercados están siendo exportados, de esta manera conoceremos nuestro segmento meta.

Toda esta información está difusa en el comercio internacional, siendo necesario implementar estrategias propias de inteligencia comercial para monitorear en alguna medida esta valiosa información.

Una de estas estrategias es el seguimiento a los precios de venta, (los productos orgánicos suelen venderse a mejor precio que los convencionales), esta se combina con el conocimiento de los mercados que suelen comprar productos mejorados y las cantidades vendidas o importadas, sin embargo, todos estos rastreos no son totalmente fiables.

A nivel internacional y gracias a los esfuerzos de los países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), tenemos un sistema arancelario armonizado, en el cual se especifican con seis dígitos numéricos los productos de común transacción en el comercio internacional.

En el caso de la región centroamericana, gracias a los esfuerzos de los países dentro del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), se cuenta con el Sistema Arancelario Centroamericano (SAC), el cual es idéntico al sistema arancelario armonizado de la OMC, exceptuando que este, agrega cuatro dígitos más al código de cada producto para hacerlo más específico y sea más precisa la descripción del producto.

A nivel centroamericano se podrían plantear algunas soluciones al problema, dentro del SICA, desde y para los países centroamericanos, como la revisión de un carácter adicional al SAC en las partidas arancelarias, de tal manera que se evidencie su origen orgánico, o tal vez la inclusión de un capítulo adicional. Por otro lado hay quienes sugieren soluciones nacionales y unilaterales, al menos para identificar a nuestra producción nacional y sus destinos y también la importación de estos productos.

Existe una necesidad de registro y de cifras oficiales confiables sobre la comercialización de productos de tipo orgánico, sea que los exportemos o que los importemos. Su importancia radica en la sistematización de datos para las empresas, más aún, al momento de tomar decisiones estratégicas que permitan la competencia de los productores y empresarios que comercializan productos orgánicos.