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  • AFP

Mariana González, 23 años, mira incrédula a sus padres cuando le cuentan que en 1988 comían en una pizzería de La Habana por seis pesos, algo que ahora cuesta 15 veces más, aunque los salarios apenas han crecido poco más del doble.

“Me cuentan que se comían cada uno una pizza, un espagueti y una cerveza, y gastaban seis pesos entre los dos. Es difícil de creer, parece que hablamos de otro país; eso me cuesta ahora cerca de 90 pesos”, dice esta estudiante de Economía.

En 1988 el salario promedio en Cuba era de 187 pesos y ahora es de 466 pesos (US$19), según la Oficina Nacional de Estadísticas. Desde entonces, el precio de una libra de carne de cerdo --lo que algunos llaman con humor “el índice Dow Jones cubano” -- pasó de 4.5 a 35 pesos.

La moneda cubana no era convertible en 1988, pero el dólar se transaba a siete pesos en el mercado negro (su tenencia estaba penalizada). Ahora se cotiza legalmente a 24 pesos.

En 1990 la ayuda soviética cesó y la isla se sumió en una aguda crisis económica denominada “período especial”, que dura ya 23 años, los mismos que tiene Mariana. La carrera desenfrenada de los precios no ha parado desde entonces, pero el Gobierno no publica cifras de inflación.

Las alzas han afectado incluso a servicios subsidiados como la electricidad, transporte y agua, y hasta la canasta básica de alimentos que se compra con la “libreta”.

“Los cubanos están sufriendo (...) un período especial que les impide ver de forma sostenida un incremento de su bienestar. Usted le puede aumentar el ingreso a los trabajadores, pero realmente no significa mucho para un cubano, debido a los precios que existen”, indicó Omar Everleny Pérez, director del Centro de Estudios de la Economía Cubana, de la Universidad de La Habana.

Agregó que “en todos los lugares del mundo el salario tiene diferentes proporciones y en Cuba tiene una distorsión total: del 70 al 90% del salario se dedica hoy a la compra de alimentos”, más que en otros países.

 

Brecha

La brecha entre salarios y precios ha contribuido a los problemas sociales y ha estimulado la corrupción y el robo de bienes al Estado, que luego son vendidos en el mercado negro.

Para reducir la brecha, el economista Pavel Vidal propone “la eliminación de la dualidad de monedas”.