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Los que excluyan injustamente a otros se arriesgan a ser excluidos después, por aquellos a quienes marginaron u oprimieron. Tanto a nivel  político como organizacional, en ocasiones los discursos sobre cohesión o trabajo en equipo contradicen las acciones concretas. Se pregona la unión pero se siembra la división, cosechándose un grave peligro para el futuro de países y empresas.

Aquí, en la tierra que vio nacer a Martin Luther King, Jr., recordamos algunas expresiones de su histórico discurso del 28 de agosto de 1963, en Washington D.C. “Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres han sido creados iguales... Tengo un sueño: que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación en la que no serán juzgados por el color de su piel sino por su reputación... Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a la cárcel juntos, de ponernos de pie juntos por la libertad, sabiendo que un día seremos libres.”

El Dr. King, al visitar India (1959), se inspiró en Gandhi y pregonó la resistencia sin violencia para concretar este sueño. Ambos fueron verdaderos líderes porque enarbolaron un ideal con el que sus seguidores se identificaron con ardor. Pero no lo impulsaron dividiendo, ultrajando ni declarándose dueños absolutos de la verdad. Compartían la convicción de que la violencia solo crea más problemas sociales que los que supone resolver. El sueño, sumado a su integridad, despertó la mística que explica su liderazgo. Ahora piense, en su organización: ¿Quién sigue el sueño de quién? Es más, ¿existe un sueño que activa la pasión de sus miembros?

Es lamentable que, en algunos ámbitos, el poder esté en manos de los que lo usan para construir más murallas que puentes, de los que hablan de “nosotros y ustedes”, de los que infunden más pesadillas que sueños, y de los que encarcelan ideas ajenas por temor a darles la razón. Actuar así es ir en contra de los principios más elementales de convivencia. No es posible crear compromiso hacia una visión de empresa que no se comparte, o siendo obligados a aceptar dogmas que tan solo protegen los intereses de unos pocos.

Concretar sueños de cohesión y cooperación siguen vivos en organizaciones fragmentadas por la intransigencia. Sin embargo; ningún mal dura para siempre y el riesgo mayor lo enfrentan quienes creen que su poder es inagotable: Podrían recibir una triste dosis de su propia medicina. Dichosamente, líderes como Nelson Mandela señalan el camino correcto al trascender a su propio sufrimiento de cárcel, discriminación y tortura para transformarse en un testimonio de reconciliación, tolerancia y respeto, semillas fértiles de un inteligente desarrollo humano. ¡Compartamos el sueño de King, Gandhi y Mandela!