Ernesto A. Aguilar
  •   Managua, Nicaragua  |
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Los compradores en países más desarrollados han adquirido conciencia de muchos de los problemas que aquejan a la sociedad global como el cambio climático o el trabajo infantil y buscan aportar su grano de arena en la temática, incidiendo aunque sea solo a la hora de decidir qué comprar en el supermercado. Esto ha devenido en una competencia de productos certificados sumamente fuerte, más aún en aquellos mercados que pagan valor agregado en los productos de consumo, importados o producidos localmente.

De manera que muchas certificaciones con el paso del tiempo suelen convertirse en requisitos de acceso al mercado establecido por compradores, porque a su vez, son demandados por el consumidor final y por tanto, por el comprador o importador local. Por ello, si el producto no cuenta con ella, debemos procurar contar con otras que avalen el trabajo de la propia empresa en aspectos de responsabilidad social, ambiental o de sostenibilidad.

Las certificaciones buscan, entre otras cosas, la maximización de los recursos disponibles en las empresas, a la vez que agregan valores de carácter social y ambiental. En el caso de los productos de consumo humano, también confirman la seguridad e inocuidad en los alimentos.

Una empresa que decida certificarse busca ante todo la eficiencia en sus sistemas de producción y productividad, que se traduce en mayores utilidades a la hora de decidir incursionar en estos temas, debido en muchos casos a las inversiones y los costos implicados a procesos de certificación.

Actualmente las empresas productoras o comercializadoras tienen un amplio abanico de certificaciones a las cuales pueden optar. Todas ellas aportan valor al producto final que comercializamos y hacen un fuerte llamado de atención en el comprador, concienciado sobre los problemas de carácter global.

Así, identificamos ISO con todas sus aplicaciones y numeraciones, Rain Forest Alliance, Orgánico, Huella Ambiental, Carbono Neutral (CO2), Fair Trade o Comercio Justo, Global GAP, Análisis de Puntos Críticos de Control (Haccp), Trazabilidad e inocuidad, entre otras, son algunas de las certificaciones más comunes y de mayor prestigio que podemos encontrar en los mercados internacionales y en los productos de exportación.

El sistema, desde el productor hasta el consumidor debe conocer que la certificación no es aumento de precio en el producto que comercializa, sin embargo, sí implica garantía de procesos de calidad y sinónimo de posicionamiento y comercialización frente a otros.