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A pesar de que el uso de semillas certificadas en la producción agrícola garantiza rendimientos superiores al 40%, se estima que tan solo un 10% de los productores nacionales las utilizan, indicó Mario Hanón, gerente general de Formunica.

Según Hanón, Nicaragua presenta un bajo nivel de uso de semillas certificadas en relación a sus pares centroamericanos, ya que en países como Honduras, El Salvador y Guatemala la utilización de semilla híbrida o mejorada se calcula en un 70%.

Manuel Álvarez, secretario de la Junta Directiva de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua, Upanic, señaló que el productor nicaragüense está acostumbrado a utilizar las semillas de sus cosechas anteriores, lo cual incide en la baja del rendimiento productivo.

“El uso de la semilla certificada es de gran beneficio para el productor. No se puede reutilizar semillas para poder conseguir un mayor rendimiento, que puede andar arriba del 40% con el uso de la semilla certificada”, precisó Álvarez.

Roger Sandino, ingeniero agrónomo de la productora agrícola de maní Santa Lucía, indicó que entre los riesgos a los que se expone un productor al utilizar semillas que no son certificadas, es la producción de una cosecha que no sea homogénea y que afecte la calidad de sus cultivos.

“La semilla certificada le asegura al productor que lo que va a sembrar no es una semilla del montón. De esta forma no hará una mezcla de semillas que no son de la misma variedad y de las cuales puedan resultar plantas atípicas”, señaló el ingeniero agrónomo.

Mario Hanón, de Formunica, añadió que el uso de semillas certificadas es una práctica del buen manejo agronómico que permite potenciar la producción agrícola.

“Debido a eso se ha decidido invertir en el tema de la semilla. Tenemos cuartos fríos para cuidarlas debidamente. La solución de una buena producción no es solo una buena fertilización, sino buenas prácticas, buena atención al cultivo que al conjugarse se traduce en un buen rendimiento”, agregó Hanón.

Producen plantas atípicas

El gerente general de Formunica explicó que al nacer un alto porcentaje de plantas atípicas dentro de una cosecha, estas van a tener un manejo diferente, lo cual afectará la calidad del cultivo.

“La homogeneidad de la cosecha es importante. Si una parte de la producción está madura, otra está verde, y hay otra que no está ni verde ni madura, entonces la calidad de la cosecha va a variar mucho. Uno necesita que al meter la cosechadora, la mayor parte del cultivo esté en el punto adecuado para cosecharlo, una buena semilla nos garantiza eso”, expresó el agricultor.

Más rendimiento con semillas certificadas

Según Mario Hanón, al utilizar semilla híbrida o mejorada de maíz se puede obtener rendimientos de 80 a 100 quintales por manzana en zonas de secano favorecido, mientras que al usar semillas criollas la producción en esa misma zona “va a ser menos de la mitad”.

 

Problema cultural

El uso de semillas criollas frente a las semillas certificadas es un tema que va más allá del poder de compra del agricultor, sino que roza con la pobre cultura agrícola del país, consideraron Mario Hanón, de Formunica, y Manuel Álvarez, de Upanic.

“La mayoría de agricultores son presas de una cultura y tradiciones que no son las mejores, se guardan semillas de una cosecha para la otra, y ellos piensan que así tienen gran ahorro y que eso es mucho menos costoso”, refirió Hanón.