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  • AFP

Frente a la peor crisis desde 1929, los europeos y los estadounidenses decidieron organizar no una sino varias cumbres internacionales, la primera de las cuales se celebrará probablemente en noviembre en Nueva York, capital financiera mundial.

El presidente francés Nicolas Sarkozy, su homólogo estadounidense George W. Bush y el máximo responsable de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, acordaron el sábado en Camp David (este de Estados Unidos) celebrar cumbres con otros líderes mundiales para "responder a las dificultades de la economía mundial".

En la primera de estas cumbre de jefes de gobierno se analizará la crisis financiera actual y se enunciarán los principios de las reformas que necesita el sistema financiero para que no se repita la situación actual. Las demás servirán para aplicar las medidas decididas.

El primer encuentro se organizará en Estados Unidos "poco después de las elecciones presidenciales" del 4 de noviembre, quizá en Nueva York, ya que el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, se ofreció para acogerla.

Sarkozy es partidario de incluir a los países del G8 (Francia, Gran Bretaña Italia, Canadá, Estados Unidos, Rusia, Japón, Alemania) y del G5 (China, India, Sudáfrica, México y Brasil), además de "un país árabe".

No obstante la "troika" parece discrepar en torno al nuevo orden financiero mundial.

La UE quiere una reforma profunda del sistema actual, algo así como un segundo Bretton Woods, los acuerdos que en 1944 sentaron las bases del sistema financiero actual.

Los europeos proponen una supervisión mundial de los mercados, que confiarían al Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por el contrario Bush se muestra reticente a reformar de cabo a rabo el sistema y considera "esencial que preservemos los fundamentos del capitalismo democrático" porque cree "firmemente en la libertad de los mercados".

Sarkozy quiere aprovechar la coyuntura para construir "el capitalismo de mañana", o sea para cambiar las bases.

Una opinión que comparte el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien reclamó el domingo "una regulación más estricta y una supervisión internacional, al menos en el ámbito de la Unión Europea".

Canadá por su parte abogó por la prudencia para no generar "daños permanentes en el sistema financiero", según el portavoz del primer ministro Stephen Harper.

Entretanto, la crisis ha hecho saltar a la palestra la lucha contra los paraísos fiscales, tema de una reunión internacional el martes en París, a iniciativa de Francia y Alemania.

El encuentro de Camp David cerró una semana de yoyó en unos mercados financieros "maniaco-depresivos", en palabras del premio Nobel de Economía 2008 Paul Krugman.

Pese a estos bruscos cambios, París subió 4,8% durante la semana, como Londres (+3,3%), Fráncfort (+5,2%) y Nueva York (+4,7%). El Dow Jones terminó sin embargo en números rojos el viernes, con una baja de 1,4%.

La Bolsa de Arabia Saudita, la más importante del mundo árabe, cerró el domingo a la baja de 3,8%. Las otras bolsas del Golfo vacilaron entre alzas (como en Dubai y en Qatar) y pérdidas (Kuwait), en un clima volátil como consecuencia de los movimientos especulativos.

Entre los países emergentes, el real brasileño y el peso mexicano cayeron esta semana, víctimas de las presiones especulativas.

Los primeros afectados por esta crisis financiera, los bancos, siguen dando señales de debilidad.

El gobierno holandés anunció este domingo que inyectará dinero en el banco ING, sin precisar cuánto.

La cuarta economía asiática, Corea del Sur, decidió aportar una garantía a los préstamos interbancarios, durante tres años, de 100.000 millones de dólares.

Por otro lado persisten los temores de una desaceleración económica duradera en el mundo. En Gran Bretaña, el ministro de Finanzas, Alistair Darling, anunció que aumentaría el gasto público para evitar la recesión.

En Estados Unidos los demócratas examinan un plan de reactivación económica.

En cambio Brasil no corrige las previsiones de su economía, que deberá crecer entre 4 y 4,5% en 2009, afirmó el ministro de Hacienda, Guido Mantega, en entrevista con el diario Folha de Sao Paulo.

La caída de los precios del petróleo, que se redujeron a la mitad desde el verano boreal hasta unos 70 dólares, es una señal clara de la ralentización coyuntural. Un desplome que ha llevado a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) a adelantar su próxima reunión al 24 de octubre.