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Es triste ver cómo los dos partidos mayores se apuraron a conseguir un acuerdo para gastar 700 mil millones de dólares del dinero de los contribuyentes para verterlos en el alcantarillado de las grandes instituciones financieras, cuya fama tiene dos características: incompetencia y avaricia.

Hay una solución mucho mejor para la crisis financiera actual, pero requiere desechar lo considerado “sabiduría” convencional durante demasiado tiempo: que la intervención gubernamental en la economía se debe evitar como una plaga, ya que se confía en que el “mercado libre” guiará la economía hacia el crecimiento y la justicia. Ciertamente, ver a Wall Street pedir ayuda económica al gobierno es casi cómico a la luz de su larga devoción a un “mercado libre”, sin regulaciones gubernamentales.

Enfrentemos una verdad histórica: nunca hemos tenido un “Mercado Libre”. Siempre hemos tenido intervención del gobierno en la economía, y, de hecho, los capitanes de las finanzas y la industria siempre han dado la bienvenida a esa intervención.

Estos titanes de la abundancia, de manera hipócrita, previnieron contra el “gran gobierno” pero solamente cuando el gobierno amenazó con regular sus actividades, o cuando contempló pasar algo de la riqueza de la nación a la gente más necesitada. No tuvieron ninguna pelea con el “gran gobierno” cuando éste respondió a sus necesidades.

Todo empezó años atrás, cuando los “Padres Fundadores” se reunieron en Filadelfia, en 1787, para elaborar la Constitución. Un año antes se dieron rebeliones armadas de granjeros en Massachusetts occidental (rebelión de Shays) y otros Estados, cuyas granjas serían confiscadas por no pagar sus impuestos. Miles de granjeros rodearon los Palacios de Justicia y se negaron a que sus hogares se subastaran.

Su correspondencia de aquel tiempo demuestra claramente la preocupación de que las insurrecciones se les fueran de las manos. El general Henry Knox escribió a su soldado armado, George Washington, advirtiendo que el soldado que luchó en la revolución pensaba que al contribuir a la derrota de Inglaterra él merecía una parte igual de la abundancia del país, y que “la propiedad de los Estados Unidos debía ser en común”.


Aplastaron a granjeros
En la constitución, los Padres Fundadores crearon el “gran gobierno”, con poder para aplastar las rebeliones de los granjeros, devolver esclavos prófugos a sus amos y aplastar la resistencia indígena cuando los colonos se marcharan hacia el oeste.

El primer gran rescate económico, (“bailout”) fue decisión del nuevo gobierno de dar valor completo a los bonos que estaban casi sin valor en manos de los especuladores. Esto se financiaría con impuestos a los granjeros comunes, y si éstos pusieran resistencia, el Ejército los aplastaría, “como se hizo en 1794 cuando los granjeros en Pensilvania se levantaron en contra de las leyes tributarias”.

Desde el comienzo, en las primeras sesiones del primer Congreso, el gobierno interfirió con el “mercado libre” estableciendo tarifas para subvencionar a los manufactureros, haciéndose socio de los bancos privados en el establecimiento de un Banco Nacional.

Este papel del “gran gobierno”, apoyando los intereses de los grandes empresarios, continuó a lo largo de toda la historia de la nación. Así que, en el siglo XIX, el gobierno nacional subvencionó los canales de vía acuática y la marina mercantil.

En la década antes de la Guerra Civil y durante ella, el gobierno nacional dio aproximadamente 100 millones de acres de tierras gratuitamente a los ferrocarriles, junto con préstamos considerables para mantener funcionando las empresas ferroviarias. Los diez mil chinos y tres mil irlandeses que trabajaron en el ferrocarril transcontinental no consiguieron tierras gratuitas, ni préstamos, sólo largas horas laborales, poca remuneración, accidentes y enfermedades.


Ayudando a los grandes negocios
El principio del “gobierno ayudando a los grandes negocios” y la negativa de disponer generosidad gubernamental para los pobres fueron compartidos por los dos partidos políticos, defendidos tanto por los republicanos como por los demócratas. El presidente demócrata, Grover Cleveland, vetó una legislación para dar 100 mil dólares a los granjeros de Tejas para ayudarles a comprar semillas durante una sequía, argumentando: “La ayuda federal en tales casos alienta la expectativa del cuidado paternal de parte del gobierno y debilita la robustez de nuestro carácter nacional”. Pero el mismo año, él utilizó el exceso de oro para pagar a los ricos titulares de bonos a un precio de $ 28 encima del valor de cada bono --un regalo de 5 millones de dólares--.

Cleveland enunciaba el principio del “individualismo robusto”: debemos hacer nuestras fortunas por iniciativa propia, sin ayuda del gobierno.

En un artículo escrito en 1931 en la revista Harpers, titulado “El mito del individualismo robusto americano”, el historiador Charles Bearde catalogó cuidadosamente quince casos en los cuales el gobierno nacional intervino en la economía en beneficio de los grandes negocios. Bearde escribió: “Durante cuarenta años o más no ha habido presidente, ni republicano ni demócrata, que no haya hablado en contra de la interferencia gubernamental para luego apoyar medidas que agregaban más interferencia a la enorme colección ya acumulada”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la industria aeronáutica fue rescatada mediante infusiones de dinero gubernamental. Luego, subsidios por agotamiento de petróleo para las compañías petroleras, y el rescate económico de la Corporación Chrysler.

La lógica de tomar 700 mil millones de dólares de los contribuyentes para subsidiar a las grandes instituciones financieras se basa en la idea que la riqueza, de alguna manera, goteará hacia abajo, llegando a la gente que la necesita. Esto nunca ha funcionado.


El New Deal (Nuevo Trato)
La alternativa es simple: tomar esa enorme suma de dinero y dársela a la gente que la necesita. Que el gobierno declare una moratoria en “foreclosures” (recuperación de propiedades por el prestamista cuando el deudor no puede pagar) y que otorgue ayuda a los propietarios de viviendas para pagar sus hipotecas. Que el gobierno cree un programa federal de empleo que garantice trabajo para las personas que lo desean y lo necesitan, y para quienes “el Mercado libre” no ha tenido éxito.

El gobierno en los días tempranos del “Nuevo Trato” (programa de ayuda promovido por el Presidente Roosevelt en los años 1930) volvió a crear empleo para millones de personas, reconstruyendo la infraestructura de la nación. Centenares de miles de jóvenes, en vez de enrolarse en el Ejército para escapar de la pobreza, se inscribieron en el Cuerpo Civil para la Conservación, que construyó puentes y carreteras y limpió puertos y ríos. El Programa Federal de las Artes empleó a miles de artistas, músicos y escritores para pintar murales, producir obras de teatro y componer sinfonías.

El Nuevo Trato (desafiando los gritos de “socialismo”) estableció seguridad social, que, junto con la legislación de los derechos de los “G.I” (combatientes estadounidenses) se convirtió en un modelo de lo que podría hacer un gobierno para ayudar a su gente.

Esto se puede llevar aún más lejos, con “seguridad de salud” --cuidado médico gratuito para toda la población--, administrado por el gobierno nacional, financiado por el Ministerio de Hacienda, evadiendo a las compañías de seguros y los otros corsarios de la industria de la salud. Esto ha funcionado en otros países.

Todo eso costará más de 700 mil millones de dólares. Pero el dinero está allí: en los 600 mil millones de presupuesto militar, una vez que decidamos no seguir siendo una nación que fabrica guerras. Y en las cuentas bancarias hinchadas de los súper-ricos, una vez que los bajemos al tamaño de ordinario-ricos, gravando con impuestos, sus ingresos su riqueza abundante.

Oportunidad para Obama
Cuando se levante la voz, sea republicana o demócrata (fue Bill Clinton quien prometió “la era del gran gobierno ya pasó”) gritando que esto no debe hacerse por su carácter de “gran gobierno”.

Después agitarse y organizarse a nombre de lo que prometió la Declaración de la Independencia: que es responsabilidad del gobierno asegurar el derecho igual de todas las personas a “la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad”.

Ésta es una excelente oportunidad para que Obama se distancie, de manera limpia, tanto de McCain como del liderazgo fosilizado del Partido Demócrata, dando vida a su lema del “cambio” y, de ese modo, tomar la Casa Blanca, barriendo en las elecciones.

Y si él no actúa, le tocaría al pueblo pegar gritos, a como siempre ha hecho, que se oirán alrededor del mundo, obligando a los políticos a escuchar. (Traducido del inglés al español por Patrick Welsh).


¿Quien es Howard Zinn?
Howard Zinn (nacido el 24 de agosto de 1922) es un historiador social estadounidense, científico y politólogo. Sus planteamientos incorporan ideas procedentes del marxismo, el anarquismo y el socialismo. Desde la década de 1960 ha sido una figura importante en la defensa de los derechos civiles y el movimiento antibélico en los Estados Unidos. Zinn es autor de la obra “Historia Popular de los EU”.