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En días pasados tuve la grata visita del nuevo Embajador de Corea del Sur, el Señor DooSikKim. Como sabemos, Corea del Sur es un país de 100 mil kilómetros cuadrados; es decir un 30 % menos que Nicaragua, con una población de 50 millones de habitantes, y un Producto Interno Bruto (per cápita) a finales de los años 60, de apenas 100 dólares (en Nicaragua, en esos tiempos era de 600 dólares).

Hoy en Corea del Sur, que sufrió una guerra civil que destruyó y dividió el país (con Corea del Norte), es ahora la décima economía del mundo y su PIB per cápita, me decía hoy el embajador, va alcanzando los 25 mil dólares anuales, mientras nosotros en Nicaragua (que estábamos 6 veces mejor que ellos en 1967) apenas alcanzamos 1,200 dólares per cápita.

Ya ni comparemos con la otra Corea, la Corea del Norte, que tiene más recursos naturales y mayor territorio que la del Sur y apenas tiene un PIB per cápita de US$ 600 dólares.

Y le preguntaba al embajador algo que yo sospechaba…. ¿Cuál es el éxito de Corea del Sur? Y me decía, lo más importante ha sido la inversión en la educación. Otro dato: en las mejores universidades de Estados Unidos, según Andrés Oppenheimer, hay 236 mil chinos, 97 mil que provienen de la India, 71 mil de Corea del Sur y de toda América Latina, apenas 67 mil. ¡Ahí está el detalle!

Invertir en la educación. Ahí está la clave. Y si a eso le sumamos un poquito de aporte ciudadano, como Nación, como una sola familia nicaragüense y logramos avanzar en el respeto a las leyes, el aumentar la productividad, promover la innovación, el trabajo en equipo, en fin, todo eso que necesitamos para ser exitosos y que está en nuestras mentes.

El reto que nos queda es el éxito como Nación. El éxito como nicaragüenses; que cada día haya menos pobres y más gente con un trabajo digno; que haya medicinas en los hospitales; que nadie tenga que irse a buscar trabajo a Costa Rica, España o Estados Unidos; que no tengamos que estar con la mano extendida ni esperanzados en obras faraónicas para alcanzar el éxito como Nación.

Y eso, el éxito como Nación nos corresponde alcanzarlo a todos nosotros, incluyendo a nuestros maestros, los médicos, las enfermeras, los ingenieros, los técnicos, los comerciantes, los profesionales, a los estudiantes, a quienes nos gobiernan, a quienes nos guían espiritualmente, a quienes administran justicia; a quienes velan por nuestra seguridad ciudadana y defienden nuestra soberanía; a los obreros, a los empresarios, en fin a todos y cada uno de nosotros.

Reflexionando sobre Steve Jobs, recordemos aquella inspiradora frase: “Estoy convencido de que lo que separa a los empresarios exitosos de los no exitosos…es pura perseverancia”. Eso es cierto para quienes somos empresarios, pero también para todos aquellos que no lo son. Si nosotros –como nicaragüenses- aplicamos esa misma recomendación a lo que debe ser nuestra empresa más importante –nuestra Nación, nuestra Patria- podemos estar seguros de que nos enrumbaremos por el camino correcto para salir de la pobreza.

El Estado nunca podrá suplir la creatividad del ciudadano y está en nuestras manos el ser cada día mejores ciudadanos para ser actores de nuestro propio destino, sin importar los vaivenes de la política criolla que nos ha dejado no tan buenos recuerdos.