Jorge Eduardo Arellano
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Investigación y desarrollo
Toda sociedad debe invertir en investigación para motivar su desarrollo. Por ello es posible observar que los países más desarrollados son aquellos que más han invertido en investigación. Debido a los escasos recursos, los países pobres estiman imposible esta inversión, pero a fin de cuentas, contribuimos a pagar los costos de la investigación en los países desarrollados, aunque sea de forma diferida.

Por nuestra escasa inversión en investigación nos vemos obligados a demandar tecnologías, con lo que nos volvemos sus clientes y debemos contribuir a cubrir sus costos. Un ejemplo es en el campo de los medicamentos, de los cuales existen los de marca y los genéricos. Los primeros resultan más costosos fundamentalmente por el argumento de que su precio incluye el pago de la investigación.

Como un hecho reciente está la demanda de laboratorios de alargar el plazo en que las patentes deben respetarse (más de 20 años) antes que puedan ser replicados por los fabricantes de genéricos, lo que demuestra que un porcentaje del producto se destina a cubrir gastos de investigación durante más de 20 años. Esta situación es la misma en cualquiera de los campos que nos encontremos.

En Nicaragua, ni siquiera contamos con una agenda y prioridades de investigación. Aún en un área prioritaria como la alimentación, respecto al tema de semillas, considerado básico, no existe una sola posición.

Por una parte se encuentra un grupo de ONG y profesionales que promueven el rescate y promoción de la semilla criolla, justificando entre otras cosas por mayor resistencia a la sequía, mejor sabor, mayor adaptabilidad a nuestras condiciones, elevar a condición legal el derecho comunal sobre ellas, y hasta el concepto político de oponerse a la distribución de semilla mejorada por otros gobiernos.

Por otra parte, se encuentran centros como el INTA, que cada año desarrollan una alta cantidad de investigaciones, la mayoría vinculada al mejoramiento de semilla. Habrá que ver cuánta de esta semilla es realmente asumida por los productores o difundida exitosamente.

Tal vez deberían organizarse encuentros entre investigadores y productores donde se definan prioridades en este sentido, y más bien sumar fuerzas, lo que nos permitiría que los pocos pasos que podamos dar en este sentido sean consistentes e irreversibles.

Carlos Javier López y Marcia Estrada
Ingenieros agrícolas
marciaestrada@yahoo.com