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  • AFP

América Latina fue alcanzada por la crisis financiera y los temores de recesión, pero podrá atenuar sus efectos devastadores gracias a la buena administración de sus recursos durante los años de bonanza, coinciden en apuntar analistas.

Caída de las plazas bursátiles, baja de los precios de las materias primas, salida en masa de capitales, desaceleración del crecimiento: a pesar de las perspectivas sombrías, analistas coinciden en que las principales economías de la región están ahora más sólidas que en las crisis de 1990-2000.

Durante varias semanas, los países de la región eran considerados 'inmunes' contra la tempestad que sacudía a Estados Unidos y Europa, como quedó claro en Brasil, la mayor economía de América Latina.

"¿Crisis? ¿Qué crisis? Vayan a preguntarle a Bush", había expresado el presidente Luiz Inacio Lula da Silva el pasado 16 de setiembre.

En cambio, el jueves, el mismo Lula reconoció que la crisis financiera podía afectar seriamente a países como Brasil. "Los avances de nuestros países corren riesgos. La crisis financiera global puede afectar, de forma injusta y particularmente dura, los países en desarrollo", alertó.

En consonancia, las plazas financieras de la región de desplomaron, como la bolsa de Sao Paulo, la principal de América Latina, que perdió 45% de su valor en relación al de inicios de año.

El viernes, acompañando la tendencia de las bolsas mundiales, retrocedía 5% a pocos minutos de la apertura de los negocios.

Esta caída ha sido acentuada en los últimos días por la decisión de la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, de nacionalizar los fondos de pensión, oficialmente para evitar que las jubilaciones se hundan en la tormenta bursátil.

Analistas, sin embargo, descartan cualquier tentación similar, fuera de Argentina. "Es impensable una estatización" de los fondos de pensión, dijo a la AFP el economista de la Universidad de Chile, David Bravo.

Por su parte, el gobierno brasileño anunció el miércoles que los bancos públicos pasaban a estar autorizados a crear subsidiarias para adquirir participaciones en bancos privados en dificultades.

Esta decisión fue adoptada en un escenario común en la región, de limitación del crédito que amenaza con paralizar las economías.

La caída de las bolsas fue agravada por las salidas masivas de capital extranjero, que en los últimos años llegaron de forma generosa a mercados en plena expansión. Solamente en Brasil los inversionistas ya retiraron 5.000 millones de dólares desde el inicio de la crisis.

Además, "la anticipación de la recesión que, con toda seguridad, afectará las economías de Estados Unidos y Europa, hará caer los precios de las materias primas", dijo en Rio de Janeiro el profesor de economía Tito Ryff.

Este fenómeno es la principal preocupación de numerosos países latinoamericanos como Chile, donde el 75% del Producto Interno Bruto (PIB) proviene de las exportaciones, y en particular del cobre.

Brasil, un gran exportador de minerales y de productos agrícolas, también será afectado. "Esto provocará una disminución de la tasa de crecimiento de la economía en los próximos meses", previó Ryff. Según sus cálculos, debería descender en 2009 de cerca de 6% a 3%.

Brasil y México han adoptado una artillería pesada para evitar la depreciación de sus monedas ante el dólar.

El Banco Central brasileño hizo saber al mercado que está listo a inyectar hasta 50.000 millones de dólares, al tiempo que su homólogo mexicano ya ha desbloqueado más de 12.000 millones de dólares para mantener a flote el peso.

No obstante, Virene Matesco, economista de la Fundación Getulio Vargas, estima que Brasil está en una posición bastante "cómoda", y destaca que su excedente presupuestario primario equivalía a 4,42% del PIB a fin de agosto.

Al mismo tiempo, señaló Matesco, la deuda pública representaba solamente 40% del PIB y el BC contaba con reservas de 207.000 millones de dólares.

En el caso de México, Carmen Alcivar, directora de análisis económico de Bursamétrica, señaló que existen buenos "fundamentos macroeconómicos".

La funcionaria afirmó que se han cuidado los fundamentos macroeconómicos. "Entonces las finanzas públicas no presentan problemas graves" como sucedió en la crisis conocida como "Tequila", registrada a finales de 1994, cuando el estado salió al rescate de los bancos.