•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Washington D.C. Observar unos minutos la sala de debates del Senado de los Estados Unidos provoca reflexiones sobre la evolución y funcionamiento de esta nación, aplicables también al mundo de las organizaciones. El lema “¡De muchos, uno!” proviene del latín “E pluribus unum”, que contiene trece letras, como trece fueron las colonias que conformaron originalmente los Estados Unidos. Con una pequeña variación, el lema puede describir países y empresas contrastantes: “¡De muchos, uno!” o “¡De uno, muchos!”.

“E pluribus unum”, consignado desde 1872 en el escudo de ese país, enuncia la unión y convivencia entre estados y personas diversas. Al caminar por Washington D.C. se constata un crisol de orígenes, etnias, religiones e idiomas. El Senado y la Cámara de Representantes son escenarios de discusiones democráticas e intensas; constituyen un medio civilizado para resolver discrepancias y asumir compromisos. No siempre fue así; la Guerra de Secesión (1861-1865) y los asesinatos de Lincoln (1865), Kennedy (1963) y M.L. King Jr. (1968) retaron en su momento el espíritu del lema. Sin embargo, pese a sus problemas como país, el diálogo y la negociación son pilares de su política interna.

Las diferencias de criterio siempre van a existir. ¿Qué camino selecciona cada país para resolverlas en función de un mejor futuro? Lamentablemente, en algunos el lema más bien parece ser: “¡De uno, muchos!”; o sea, del poder concentrado en una persona o grupo se originan muchas divisiones. En nombre de la democracia se margina a quienes disienten y su voz casi no tiene medios para expresarse. Abogando por la unidad nacional se fracciona ideológicamente a la familia, predicando el progreso de la mayoría se enriquece una minoría poderosa, y pregonando la transparencia se aprovecha la corrupción galopante. Sin controles ni balances, la democracia es un maquillaje de la prepotencia. Ciertos cambios “legales” son artificios para manipular la perpetuación en el trono, facilitada por el descarado e inmoral uso del bien público en beneficio personal de los que mandan. ¿Puede haber un verdadero, significativo y sostenible desarrollo en estas condiciones?

En otra escala, no se trata de que las empresas deban ser democráticas en sentido estricto; de hecho no están diseñadas para serlo. Pero siempre es factible crear espacios para la libre expresión de ideas, y para la solución de diferencias entre departamentos, jefes y colaboradores. Los gerentes tienen poder para imponer, pero la mística de trabajo y la pertenencia no se despiertan así, sino con la participación, el involucramiento proactivo y, especialmente, con el diálogo, el respeto y el trato digno. La confrontación educada de ideas conduce a acuerdos inteligentes, a rumbos con esperanza y a liderazgos legítimos.

“¡De muchos, uno!” o “¡De uno, muchos!” es más que un juego de palabras, es una decisión en la que países y organizaciones se juegan su futuro. ¿Cuál lema describe mejor su entorno?