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La productividad de un país se entiende por la relación existente entre lo que se produce y los medios utilizados para lograrlo, es decir, la energía, mano de obra, transporte, tecnología, materia prima, entre otros.

Entre menos tiempo se utilice para lograr la producción de un bien o servicio con la calidad deseada, estamos incrementando nuestra productividad, porque está relacionada con la eficiencia y el tiempo requerido para lograr nuestros propósitos.

Expertos nacionales opinan que para que nuestro país alcance niveles de crecimiento importantes, equivalentes a la duplicación de nuestro Producto Interno Bruto, PIB, se requiere un crecimiento en nuestra productividad de un tres por ciento anual en el sector agropecuario, que es el más importante en nuestra economía.

Una mejora en la productividad significa la creación de más empleos y mejor remunerados, una mayor actividad productiva y el crecimiento de la economía nacional.

Para lograr una mayor productividad, cada Estado debe cumplir con ciertas condiciones que le brinden a los productores de bienes y servicios un mayor rendimiento y eficiencia a sus procesos productivos; entre ellos, se encuentran las políticas de fomento e incentivos a la producción, una infraestructura adecuada para el mejoramiento del transporte de los bienes producidos, un mejor sistema educativo y de salud, disponibilidad de financiamiento a los productores, servicios públicos de calidad, accesibilidad y precios competitivos de los mismos para contribuir a la competitividad de las empresas y del país. Por último, pero no menos importante, el Estado debe garantizar acuerdos comerciales que contribuyan a generar nuevas oportunidades a los sectores productivos del país y fomente la inversión extranjera directa y la coinversión.

En Centroamérica, en los últimos años, el país con una mayor productividad en la agricultura es Costa Rica, seguida por Panamá. En tercer lugar se encuentra Guatemala, luego El Salvador y Nicaragua. Honduras es el país con menor productividad agrícola.

El sector agrícola centroamericano, en especial el nicaragüense, debe incrementar su productividad, conservando el cuido al medio ambiente y a sus recursos naturales, de manera que puedan aprovecharse las actuales oportunidades económicas mundiales que favorecen a las economías basadas en la producción agrícola, y poder enfrentar efectivamente las adversidades climáticas y la volatilidad de los precios internacionales de los productos agrícolas.

A manera de ejemplo, Nicaragua, en el sector agrícola, ha logrado mejorar su productividad en la producción de frijoles negros en los últimos años, pasando de un rendimiento de 8 a 13 quintales por manzana, habiendo pasado en algunos municipios del país a producir 20 quintales promedio y en algunos casos hasta 25 quintales, de acuerdo con estudios del Redsicta del IICA.

Tomando en cuenta que Nicaragua lidera los países de Centroamérica en términos de apertura económica y la vigencia de tratados de libre comercio bilaterales con otros países, debemos tomar en serio el desafío de mejorar nuestra productividad y competitividad para aprovechar las oportunidades que se generan de esta apertura económica, porque por sí sola la apertura no genera riqueza, sino la capacidad productiva para abastecer las demandas de bienes y servicios que generan estos acuerdos comerciales con otros países.

Nicaragua ha avanzado en el tema de productividad y competitividad, pero el reto de continuar mejorando continúa y, más importe aún, el reto es todavía mayor que antes, por los nuevos acuerdos en vigencia y los que se encuentran en proceso de negociación.

 

* Gerente general del CEI