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Pese a que la responsabilidad social corporativa “es una acción voluntaria”, el no ponerla en práctica puede llevar a las empresas por “un camino peligroso”, opina Álvaro Porta, decano de la Facultad de Ciencias Administrativas y Económicas de la Universidad Americana, UAM.

Porta explicó que en la medida en que se identifique como una empresa sin un compromiso social, se puede dar una especie de castigo por parte de los consumidores.

¿Cuáles son los esfuerzos de esta universidad con la responsabilidad social corporativa?

Primero, está el compromiso de la universidad con la formación de los jóvenes profesionales. Nosotros estamos promoviendo que en todas las carreras se tome en cuenta el compromiso de la responsabilidad social. De forma horizontal, en los programas de estudios de la universidad, está la materia de ética y responsabilidad social.

Aparte de eso, tenemos hacia afuera, hacia la sociedad un postgrado de responsabilidad social y a partir de este mes comenzó la maestría en responsabilidad social, la primera en Nicaragua con enfoque de derechos humanos.

La responsabilidad social corporativa a la vez tiene varios enfoques, ¿en cuál están trabajando más ustedes?

Yo diría que convergen, y es lo que nosotros promovemos, una serie de ideas e iniciativas, que al final hacen ser socialmente responsable; por ejemplo, los negocios inclusivos, el enfoque de género, el medio ambiente, el tema de la publicidad no manipuladora, la producción orgánica, incluso el de lucha contra la pobreza, que es la búsqueda de una sociedad más equitativa (los sociólogos le llaman ahora cohesión social… lo contrario es una sociedad dividida, la de los pobres y la de los ricos). Al final todos esos enfoques convergen en el concepto de responsabilidad social, porque es una forma de hacer negocios pensando siempre en una sociedad que sea más justa, más unida, más cohesionada y con sostenibilidad.

Por ejemplo, en la maestría estamos haciendo énfasis en los derechos humanos. En otros momentos hemos hecho énfasis en proyección social, trabajando con Techo, Fe y Alegría... En otros momentos hemos hecho énfasis en el enfoque medioambiental, con iniciativas interesantes como reciclaje, reciclaje de basura informática y siembra de árboles. También hemos trabajado con enfoque de género, trabajo infantil, que son parte de la responsabilidad social.

¿Cuáles han sido los resultados en el enfoque de género?

Nosotros el año pasado recibimos un reconocimiento de parte de Unirse (Unión Nicaragüense de Responsabilidad Social Empresarial) de 12 instituciones que dimos el paso al frente y nos comprometimos a crear una política de género, que estuvimos trabajando durante todo el año. Fuimos la única universidad que presentó una política de género, que es un documento en el que se expresa el compromiso de la institución para promover una serie de acciones de cara a la equidad de género y sea un documento rector, del cual se desprenden las políticas de recursos humanos y contratación, código de ética. Esto da la pauta para que la universidad tome acciones y esté vigilante del personal que contrata, los profesores, el contenido de nuestras clases, las promociones de recursos humanos, que todo eso se haga con enfoque de equidad de género.

Como dicen, se trata de hablar con el ejemplo, ¿no?

Sí. (Sonríe). Porque, por ejemplo, podría darse el caso de que una universidad dé postgrados de responsabilidad social y de pronto sus propias políticas internas estén en contradicción con eso que pregona. Podemos estar hablando de derechos humanos, de medio ambiente, entre otros, y aquí en el campus no cumplimos. Con esto estamos siendo ejemplares en lo que es el caso específico de la política de género.

¿Ya se está poniendo en práctica esa política?

Lo aprobamos el año pasado y lo importante es ponerlo por escrito, porque de repente puede ocurrir que si no es política y no está escrito, puede haber una interpretación subjetiva de algún funcionario que contradiga ese espíritu. Es importante que las organizaciones (empresas) escriban y establezcan esas políticas, revisen estadísticas y números, para que cada año hagan vigilancia de que lo que se pregona corresponda con la realidad. Al final todos podemos cometer ese error, por eso debemos recurrir a estos instrumentos, que nos permiten ir viendo si vamos avanzando en cada uno de los aspectos de la responsabilidad social.

¿A qué aspectos se refiere?

La responsabilidad social tiene siete aspectos fundamentales, que tienen que ver primero con la forma en que estás organizado.Es muy importante, porque la forma en que te organizás te puede convertir en una organización autoritaria o te permite espacios en los que los procesos de tomas de decisión consultan y le dan participación a otros puntos de vista... A estas se conocen como organizaciones inteligentes, que en otras palabras dicen indirectamente que las organizaciones autoritarias no son inteligentes. (Sonríe).

¿Los otros seis?

Está el tema de los derechos laborales, que tiene que ver con los derechos de los colaboradores, que tengan un trato justo, que tengan seguro, y más allá que tengan oportunidad de desarrollarse como persona dentro de la organización. Eso pasa por la formación y capacitación, y que crezcan y tengan estabilidad en la organización.

Después está el tema de los derechos humanos en general, dentro de la organización y la sociedad… Normalmente solo vemos los derechos humanos que son más de carácter político, pero también están los derechos económicos, que tienen que ver con el empleo, la seguridad, la remuneración justa, seguridad para la familia…

Luego está lo que se conoce como las prácticas justas de operación. ¿A qué se dedica la empresa y cómo lo hace? Tiene que ver con cómo producís ese servicio o producto, qué materia prima utilizás, quiénes son los proveedores, qué maquinaria utilizás. Los instrumentos te ponen indicadores para producir siempre de una forma socialmente responsable...

Sigue la parte de mercadeo, que tiene que hacerse sin despilfarro, sin manipulación. Cada vez más se hace un llamado a las organizaciones a que tienen que ser cuidadosas, porque el tema de la responsabilidad social pasa por la forma en que están haciendo su mercadeo. Incluso hay un tema de moda: la contaminación visual, que es basura, es similar a la contaminación de ruidos...

El otro es el tema del medio ambiente, que consiste en que cada vez más la operación debe tener la meta de lo que es la “R”, de reducción del daño que se le hace al medio ambiente... Digamos que, por ejemplo, un periódico debe certificar que la empresa que les vende el papel está arborizando. En nuestro caso, estamos haciendo estudios con arquitectos para conseguir que nuestras aulas tengan un diseño más inteligente, que utilice más luz natural y reducción de calor, para reducir el uso de aire acondicionado.

Y el número siete es que la organización la tenemos que ver como parte de la sociedad y como un elemento que hace que la sociedad progrese... Aquí es donde nacen obras de proyección social, pero no como obras de caridad, sino como parte de un esfuerzo que viene a llenar un vacío que el Estado no logra satisfacer

¿Cómo les están haciendo ver a los estudiantes que la responsabilidad social no es una moda ni filantropía?

Estamos comprometidos con ese enfoque, que se recoge en la norma ISO 26000, que promueve la organización de la estandarización. Yo recomiendo que investiguen sobre este tema…

¿Qué pasa con las empresas que no están poniendo en práctica la responsabilidad social corporativa?

La responsabilidad social es una acción voluntaria. No hay una ley que los vaya a castigar, pero (quienes no lo hacen) a mediano y largo plazo están metiéndose en un camino peligroso, porque la falta de responsabilidad social es cara. Tarde que temprano el consumidor observa que tienen malas prácticas y una vez que te identifica como una empresa que tiene malas prácticas, ya sea porque contamina, porque promueve la corrupción, maltrata a sus trabajadores, se aparta porque le causa daño a la sociedad. No son las empresas con las que queremos trabajar.

¿Quién es?

Álvaro Porta es administrador de empresas y se desempeña como decano de la Facultad de Ciencias Administrativas y Económicas de la Universidad Americana, UAM, desde hace cinco años. Cuenta con un postgrado en responsabilidad social corporativa de la Universidad de Buenos Aires.

Anteriormente se desempeñó como director general de Comercio Exterior, del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio, Mific. Además, trabajó en la Organización Mundial del Comercio, como jefe del equipo de Nicaragua en la negociación de la Ronda Uruguay, y en el Banco de Finanzas, BDF, como gerente de Crédito de Pequeñas y Medianas Empresas.