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  • EFE

La flexibilización del “cepo al dólar” en Argentina, con un impacto muy limitado, no despeja la incertidumbre sobre la economía del país, marcada por una inflación próxima al 30 por ciento y en una coyuntura política compleja, con un Gobierno que acusa un importante desgaste en su etapa final.

Apenas dos años después de estrenar las restricciones cambiarias, el Gobierno de Cristina Fernández ha tenido que suavizar el “cepo” al dólar en medio del mayor desplome del peso argentino en una década.

El limitado impacto de las medidas anunciadas ayer y las contradicciones del Ejecutivo sobre los detalles de su aplicación no han contribuido a crear un clima de confianza.

“No abrieron el cepo, abrieron una ventana muy limitada para sacar un poco de presión. Es una medida para tratar de dar una señal, generar un cambio de expectativas, pero es muy limitado. Es necesario un programa consistente en temas fiscales y monetarios”, explicaba ayer a Efe el economista Dante Sica.

A partir de ahora, los trabajadores que estén al día con Hacienda y ganen un mínimo de 7,200 pesos, unos US$900, podrán acceder hasta a US$2,000 al mes para el ahorro, con un gravamen del 20% que se evitarán si depositan el dinero en un plazo fijo durante un año.

Los beneficiados

Una medida que, en la práctica, solo afecta al 20% de los cotizantes, pese a que el Gobierno insiste en afirmar que “habilitar la compra de dólares no quiere decir que los que más tienen y menos contribuyen a la estabilidad se harán con los dólares. El mecanismo va a beneficiar a los que menos tienen”, en palabras el ministro de Economía, Axel Kicillof.

La compra se limita al 20% del salario declarado por el comprador, es decir, el sueldo mínimo da derecho a US$180 al mes.

Para acceder al tope de 2,000 dólares hay que declarar unos ingresos mínimos de 80,000 pesos (10,000 dólares), un nivel al que solo llega el dos por ciento de los cotizantes.

Pese a que tiene un alcance limitado, el levantamiento parcial del “cepo” ha frenado, al menos de momento, el desplome del peso, que se cotiza oficialmente a 8 unidades por dólar y que hoy se pagaba algo por encima de los 12 en el mercado negro.

Devaluación gradual

En la práctica, se ha producido una devaluación gradual de la moneda local en los mercados hasta llevarla a un nivel “aceptable”, como ha reconocido el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich: “El Gobierno considera que el dólar llegó a un nivel de convergencia aceptable para los objetivos de política económica”.

El coste, una sangría de reservas, que han pasado de 50,000 millones a 29,000 millones de dólares en los dos últimos años, un pujante mercado negro y un alto riesgo de que la depreciación del peso se traslade a la inflación, el principal problema de la economía argentina, próxima al 30 por ciento según organismos independientes que el Gobierno desautoriza para mantener su previsión en un 10 por ciento.