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Llamado al rescate por Kiev, el Fondo Monetario Internacional, FMI, recibe presión desde todos los frentes para dar luz verde a un plan de ayuda, a riesgo de afectar su propia credibilidad.

Los expertos del FMI inician este martes en Kiev reuniones con las nuevas autoridades para analizar la situación de la economía ucraniana y diseñar un plan de ayuda, mientras el país se hunde en la inestabilidad y asegura encontrarse al borde de la quiebra.

La aprobación de un préstamo del FMI parece encontrarse en un horizonte lejano aunque la presión sobre la institución ya se siente. El domingo, los ministros de Economía de los siete países más industrializados (G7) subrayaron que el FMI era el "mejor preparado" para respaldar financieramente a Ucrania.

Estados Unidos, primer accionista del FMI y a favor del nuevo régimen en Kiev, ha indicado que el Fondo debería encontrarse en el "corazón" de un plan económico de ayuda a Ucrania.

Europa, otro peso pesado del Fondo, sigue la misma línea. "Ningún estado miembro (del bloque) se moverá sin la evaluación del FMI de las necesidades financieras de Ucrania", señaló una fuente europea.

El FMI ya había asegurado estar "listo para responder" al llamado ucraniano, aunque debe equilibrar su respuesta con sus propias normas de funcionamiento y evitar avivar los reproches de algunos países sobre que la institución cede a las presiones de Occidente.

Sobre las normas internas, el FMI presta dinero a un país sólo a cambio de medidas de austeridad y si la condición de las finanzas públicas le garantizan poder recibir el reembolso.

Pero estas reglas fueron mal llevadas a cabo especialmente tras el primer plan de ayuda a Grecia en 2010, en medio de la presión política y de pánico por un posible hundimiento de la zona euro.

En 2013, el FMI admitió incluso haber aprobado el préstamo sin que sus expertos hayan podido garantizar que la deuda griega era "viable".

Una comparación limitada

Pero la comparación entre Grecia y Ucrania tiene sus límites. La deuda acumulada por Atenas alcanzó el 142,8% del PIB en 2010 mientras que en Ucrania debería llegar a 44,7% a fines de 2014, según el FMI.

No obstante, algunos analistas ponen en duda que el FMI vuelva a ceder a la presión de sus accionistas más poderosos.

"El FMI debe preservar su credibilidad evitando infringir sus propias reglas", declaró a la AFP el representante brasileño en el consejo de administración, Paulo Nogueira Batista, que se expresó a título personal.

"El Fondo no puede permitirse ser visto como un instrumento político" de los estadounidenses y de los europeos, agregó.

A su vez, Ucrania no tiene buena imagen en el FMI. Kiev ya debe desembolsar 4.500 millones de dólares al Fondo hasta fines de 2015, y vio como un programa anterior de ayuda fue interrumpido en 2011 tras postergar ciertas reformas.

Y con un gobierno frágil, los temores aumentan. "La capacidad de aplicar un programa de reformas es una preocupación para todo el mundo", señaló a la AFP una fuente del FMI.

El Fondo no quiso realizar comentarios oficiales y derivó a las declaraciones del jueves de su portavoz, quien aseguró que la institución trabajaría en Ucrania con "independencia".

Pero internamente, se reconocen presiones "enormes", aunque asegurando que el FMI sabrá resistir.

"El FMI enfrenta una situación excepcional pero no nos precipitamos. Tiene la voluntad de actuar serenamente, respetando los procedimientos", afirmó a la AFP otra fuente interna.

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, destacó el viernes que por el momento la economía ucraniana no da razones para entrar en "pánico".

Según Desmond Lachman, execonomista del FMI, los occidentales deben hurgar en sus bolsillos si quieren ayudar con urgencia a Ucrania sin afectar el crédito del FMI. "Si los occidentales quieren dar dinero a Ucrania, (la ayuda) debe llegar de forma bilateral por parte de los principales protagonistas. El FMI debe negociar su propio programa", destacó a la AFP.