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Quienes temen controlan, imponen y coartan, tan solo para postergar el momento de enfrentar la realidad. Es tanto el miedo a la verdad que tratan de convencerse a sí mismos de su propia mentira repitiéndola mil veces, para ver si así logran creerla; pero como no lo es, controlan más, para defenderse de sus miedos. Mientras tanto, los afectados con su autoritarismo acrecientan resentimientos que migran hacia la rebeldía sutil o abierta, lo que coloca a ambos grupos en situaciones límite.

Si la escalada de emociones contrapuestas no se detiene a tiempo mediante el diálogo y la concertación, lo racional queda de lado y aparece la intransigencia entre posiciones casi irreconciliables. Se inicia entonces el pulso entre la represión de los que detentan el poder y la desobediencia de los que se obstinan de no ser protagonistas de su devenir. Nada volverá a ser igual, el cambio se ha iniciado, por inciertos que sean los resultados y los costos de imponer la verdad que cada cual defiende.

En el caso de algunos gobiernos, por ejemplo, al resquebrajarse su legitimidad recurren a la amenaza y la coerción como últimos recursos; los ciudadanos al perder la paciencia se amparan en la protesta o algo más para proteger su dignidad y su futuro. La espiral de contraposiciones toma fuerza, pero su final puede tomar años, valiosas vidas y el desgaste de recursos que podrían haberse destinado a la lucha contra la pobreza.

¿Cuáles son algunos orígenes de esta confrontación que, en menor escala, también puede suceder en las organizaciones? De un lado: ¡El ego!, el padre de casi todos los males que suceden entre las personas ¡La avaricia!, la tentación de quienes no conocen de escrúpulos. ¡La ignorancia!, el terreno fértil para la manipulación y la intolerancia. Del otro lado: ¡La apatía inicial!, de quienes creen que todo se resolverá solo. ¡La impotencia!, ante la imposibilidad de reaccionar sin recursos. ¡El miedo!, a las consecuencias de reclamar justicia y transparencia.

¿A cuál de los dos grupos le es más factible revertir sus tres males? Generalmente al segundo. Y al hacerlo se convierte en una fuerza cuya arma es la conciencia y su estrategia la persistencia. Por más que le arrebaten bienes, derechos y libertades, jamás transa su dignidad, porque en el fondo escucha las palabras de Martin Luther King Jr.: “Nadie se nos montará encima, si no doblamos la espalda”.

Por su parte, quienes ejercen el poder en países, comunidades y empresas deben reflexionar profundamente sobre las repercusiones de sus decisiones, ambiciones y actos, escuchando la sabiduría de esta advertencia de Simón Bolívar: “Aunque la guerra es el compendio de todos los males, la tiranía es el compendio de todas las guerras”.

Servir a los demás, apegados al diálogo, al respeto, a los valores éticos del buen liderazgo, previene los extremos del miedo, el caos, la ira y la rebelión. Y esto es aplicable desde el seno de una familia hasta el escenario de empresas y países. ¿Ejerce usted su poder alejándose siempre de estos abismos?