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Gran parte de la atención sobre la crisis económica mundial se ha centrado en los avatares de las entidades financieras en el mundo desarrollado y en los planes gubernamentales de rescate para evitar el colapso de las mismas. Los alcances de la presente crisis son mucho más profundos.

Esta crisis actual puso en cuestión el “modelo de crecimiento” y la configuración de la economía mundial. Hasta ahora, el gasto excesivo de los Estados Unidos, su consumo en relación a su ingreso había constituido el “motor” o “locomotora” de última instancia de la economía mundial.

El crecimiento de China, Japón y de los países emergentes está fuertemente vinculado a sus excedentes de exportación hacia los EU, el mercado más grande del mundo después de la Unión Europea. Este “modelo de crecimiento” ha estado marcado por ciclos de expansión basada en el sobreendeudamiento, seguida por fases de recesión.

Desde los años noventa, el crecimiento de la economía estadounidense depende en gran medida del exceso de gasto de inversión y/o de consumo, lo que alentó el desarrollo de “burbujas” especulativas. Primero fue la “burbuja” en la Bolsa de Valores asociada a las empresas de internet, y luego la “burbuja” inmobiliaria.

La burbuja de los “punto.com” (empresas de internet) se tradujo en una sobre-inversión en el sector de alta tecnología, que generó sobre-capacidad, y el estallido de este sector llevó a la recesión de 2001. Por su parte, el empuje del consumo fue sostenido por una declinación continua en el índice del ahorro de los hogares (exceso de consumo).

Detrás de ambas “burbujas” estuvieron procesos de alto endeudamiento (tanto de los hogares, como de las corporaciones, del gobierno y las propias entidades financieras).

A partir de 2001 la Reserva Federal de los Estados Unidos redujo su principal tipo de interés del 3.5 por ciento en agosto de 2001 al uno por ciento a mediados de 2003, para hacer frente a la recesión originada por el estallido de la burbuja de las empresas de alta tecnología. Luego mantuvo ese tipo demasiado bajo y por mucho tiempo.

Crédito demasiado accesible
Regularmente la baja en las tasas de interés se traduce en una reanimación de la inversión, pero en este caso se produjo en la década previa un exceso de inversión, financiado con deuda, lo que resultó en la mencionada burbuja de alta tecnología.

En vez de incentivar la inversión, las menores tasas de interés facilitaron el endeudamiento de los hogares estadounidenses, haciendo el crédito más barato y accesible.

La formidable expansión del crédito hipotecario dio lugar a que el precio de las viviendas comenzara a dispararse, lo que dio confianza a los norteamericanos y a los medios financieros para gastar más allá de sus ingresos. La tasa de ahorro de los hogares norteamericanos estaba en niveles que no se veían desde la Gran Depresión, ya sea negativa o nula.

Por lo general, los tipos de interés más bajos estimulan la compra de viviendas, pero esta vez los bancos comerciales y de inversión crearon nuevos mecanismos financieros para ampliar el crédito destinado a viviendas para personas poco solventes.

Dada la interconexión de los mercados financieros, Estados Unidos logró transferir las hipotecas malas por un valor de cientos de miles de millones de dólares a inversores en todo el mundo, y las instituciones norteamericanas “envolvieron” su cartera hipotecaria en instrumentos financieros complicados, garantizados por los pagos de las hipotecas.

Estos instrumentos colocados en instituciones financieras a nivel mundial permitieron el “contagio” de la crisis financiera a todo el mundo desarrollado, en tanto que el recorte en los impuestos a los más ricos promovido por la Administración Bush y la expansión del Gasto Militar hicieron crecer el déficit presupuestario.

El resultado agregado o macroeconómico fue un masivo aumento del gasto interno por encima del ingreso nacional. A nivel agregado, cuando el gasto interno (demanda interna o absorción) de un país crece por encima de su ingreso, este país deberá cubrir la diferencia entre su gasto y su ingreso con ahorro externo (deuda).

Otra manera de apreciar este proceso es constatar que el crecimiento del gasto interno por encima del ingreso nacional produce un exceso en las importaciones sobre las exportaciones del mismo monto, que se cubre con endeudamiento frente al exterior.

Por el contrario, los países con altas tasas de ahorro --que consumen o gastan por debajo de su ingreso-- presentarán superavits en cuenta corriente --estarán exportando más de lo que importan--, y estarán enviando sus ahorros hacia el exterior (hacia los países con insuficiencia de ahorro).

El mundo financió gasto de EU
Los países con déficit comercial se endeudarán con los países en superávit, o lo que es lo mismo, las naciones cuyo ingreso es mayor que su gasto financiarán con su ahorro los déficit de los países que gastan por encima de su ingreso. En este sentido los déficits en cuenta corriente de los EU son financiados por superavits en cuenta corriente en China, Japón, otros emergentes asiáticos y las naciones exportadoras de petróleo.

Esta afluencia de ahorro externo permitió la reducción de las tasas de interés en los EU, reduciendo el costo de pedir dinero prestado para los hogares estadounidenses, alentándolos a vivir más allá de sus medios. También permitió financiar el déficit presupuestario, explicado en gran parte por los recortes impositivos a los más ricos y los costos de la intervención en Iraq.

El “modelo de crecimiento” de los EU se basó en un desequilibrio doble: interno (ahorro negativo) y externo (déficit en cuenta corriente), mientras las finanzas mantuvieron el equilibrio de la balanza de pagos, movilizando los ahorros del exterior para cubrir el déficit en cuenta corriente provocado por el consumo excesivo, lo que desembocó en la actual crisis.

La crisis puso en cuestión el modelo de crecimiento de la economía mundial: Estados Unidos como “consumidor o locomotora” de la economía mundial, mientras China, Japón, otros países asiáticos y los exportadores de petróleo, como proveedores del ahorro externo que los EU necesitan para financiar su exceso de gasto.

A corto plazo, la caída en el precio de las viviendas producirá una reducción del consumo. El precio de las viviendas se estima que caerá todavía un 40% adicional, mientras los bancos retroceden en el otorgamiento de créditos, demandando el pronto repago y liquidando activos después de haber efectuado miles de millones de dólares en malas inversiones.

Los hogares están reduciendo su consumo para afrontar sus deudas, lo cual se traduce en una contracción del consumo hogareño, que representa las tres cuartas partes del PIB de Estados Unidos.

La baja del consumo representa la reducción del principal componente de la demanda interna, lo que aumentará el desempleo y bajará nuevamente el consumo. En este contexto, también la inversión se contraerá.


Hogares reducen su consumo
Por esta vía la crisis financiera conducirá a una recesión en los Estados Unidos, que reducirá su consumo y, al hacerlo, deberán bajar su déficit externo en cuenta corriente, importar menos del exterior, lo que reducirá la demanda de los EU por exportaciones de terceros países.

En América Latina, esto afectará más a aquellos que dependen principalmente del mercado norteamericano para colocar sus exportaciones (como México y los países centroamericanos).

La “zona del euro” está entrando también en recesión debido a que la crisis financiera se extendió a todo el planeta a través de la adquisición por parte de los bancos europeos de derivados financieros garantizados por hipotecas, en tanto las restricciones crediticias frenan el gasto de consumo e inversión.

Japón parece estarse encaminando también hacia la recesión, al igual que Rusia, mientras que la recesión global afectará a los países emergentes como China, que verán reducido su superávit comercial.

El superávit comercial de China ha funcionado como el motor de su extraordinario crecimiento económico, inducido por el exceso de gasto o demanda interna de EU en relación con su ingreso. Sin embargo, este país tiene la opción de sustituir esta fuente de crecimiento por una mayor inversión interna en su propio desarrollo.

Frenada la expansión crediticia que permitía que la demanda global creciera, y con el crédito en contracción, se está pasando a una insuficiencia global de demanda que deprime el crecimiento global, con el temor de que esto conduzca a una depresión mundial y que, en vez del proceso de “estan-flación” (estancamiento con inflación), la economía mundial se hunda en un proceso de “estan-deflación” (estancamiento económico con deflación de precios y activos).

Muchos opinan que la economía norteamericana se encuentra en una situación de “trampa de la liquidez”, en la cual una reducción en la tasa de interés no hace nada por estimular el gasto de consumo de inversión, tornando la política monetaria ineficaz como instrumento para evitar la recesión.

La interrogante es si Estados Unidos volverá a salir de la recesión e iniciará una nueva fase de expansión a través de una nueva fase de crecimiento del gasto interno, recuperando su papel de “motor de última instancia” de la economía mundial, como lo hizo después de 1991 y de 2001.