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La universidad afronta el desafío de un cambio constante y cada vez más veloz, se vive en un mundo dialéctico, donde la inmensidad y profundidad de estos cambios se caracterizan por la revolución científico-tecnológica que genera el rápido desarrollo de la información y comunicación.

La calidad de la Educación Superior, se ha convertido en un tema de primerísima necesidad, como soporte de las expectativas de dicho fenómeno, lo cual depende en última instancia de la calidad del personal docente, de los programas y de los estudiantes, tanto como de las infraestructuras y del medio universitario.

La calidad de la educación, también se hace realidad, además, en los aprendizajes significativos que deberán demostrar los estudiantes en el desempeño de su profesión y en su actuación comprometida y respetuosa en la transformación de la sociedad y el mundo que le rodea. La calidad debe estar presente, tanto en lo que se enseña, como en lo que se aprende.

La constatación de la calidad antes indicada, se da en la medida que la universidad, transfiere sus saberes científico-tecnológicos y experiencia educativa a las distintas empresas, instituciones estatales y organismos no gubernamentales, mediante proyectos de desarrollo comunitario, así como, haciendo presencia activa en las esferas en que se definen las grandes políticas de desarrollo estratégico del país.

Para el cumplimiento de este cometido se demanda como estrategia esencial del docente universitario el aplicar competencias pedagógicas, didácticas, dominio de idiomas, manejo de la informática saber, comunicacionales o socio-relacionales saber ser y el manejo de las relaciones humanas que incluye la necesidad del manejo de personal, la coordinación de grupos y el trabajo en equipo, así como una serie de requerimientos denominados operativos saber hacer, vinculados a la aplicación en la práctica profesional.

El cambio que propugnamos y debemos ser artífices, apunta a responder a los retos del presente siglo, una educación pertinente, democrática, que resuelva las problemáticas, equilibrio con el entorno y la naturaleza, con las capacidades para encontrar soluciones en ámbitos multidisciplinar-interdisciplinar-transdiciplinar; como lo demanda la revolución científica tecnológica incesante, de la que somos testigos.