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Hablar de veracidad es referirse a uno de los principios básicos que debe respetar el proveedor al transmitir información a un consumidor o a una gran cantidad de consumidores. En esta ocasión, para comprenderlo mejor, lo desarrollaré por medio de un ejemplo.

Supongamos que un supermercado ha difundido información publicitaria a través de televisión que dice lo siguiente: "Promoción del 30% de descuento sobre el precio de jabones para lavar ropa, cereales y productos para mascotas los días 9 y 10 de septiembre de 2006. Al final del anuncio, se presentan algunas condiciones durante un tiempo no mayor a un segundo, es decir un tiempo insuficiente para que el consumidor las asimile de manera clara y precisa; estas últimas condiciones se trataban de restricciones, tales como la cantidad de bienes que el consumidor podía comprar dentro de la oferta promocional, es decir, establecía un límite máximo, de tal manera que solo se podían adquirir dos jabones y una caja de cereales; además, existía un límite de productos que se encontraban en promoción, situación que representaba el hecho de que si un consumidor llegaba muy tarde, ya no encontraría el supuesto beneficio.

Lógicamente, un empresario podría ofrecer varias explicaciones y fundamentos en su defensa, en principio puede decir que la ley no establece un tiempo mínimo que se deba respetar para transmitir la información por medios televisivos, o afirmar que todas las condiciones le son puestas en conocimiento al consumidor en el establecimiento.

De todas formas, ante la situación descrita, es preciso desarrollar un breve análisis. La actividad publicitaria cumple una triple función: 1) persuade al consumidor; 2) transmite información; 3) constituye un mecanismo de competencia. En muchas ocasiones, se ha dicho que la información es distinta de la publicidad, pues la primera pretende racionalizar al consumidor y la segunda persuadirlo, pero la verdad es que la publicidad, al ser una forma de comunicación masiva, también debe respetar el principio de veracidad y otorgar a sus destinatarios elementos suficientes para que tomen decisiones que satisfagan sus necesidades.

Ahora bien, no basta con presentar la información, sino en la manera que se hace, recuérdese que según la Ley 842, Ley de Protección al Consumidor, se considera publicidad engañosa aquella que de cualquier manera, directa o indirectamente, incluyendo su presentación, induzca o pueda inducir a los consumidores a una falsa conclusión. Es decir, que la forma de presentación es importantísima, así, un anuncio de televisión que transmite algunas condiciones de forma clara y otras no, u otras en letras grandes y otras no, deja abierta la posibilidad de someterlo al análisis para determinar si cumple con requisitos tales como claridad, precisión y veracidad.

Por otro lado, la publicidad no aclaraba con qué cantidad de productos se contaba para hacerle frente a la promoción, ese es otro punto que debe ser sometido a estudio, pues la ley dispone ciertas reglas para las promociones, y una de ellas es precisamente aclarar sobre el número de bienes que se ofrecen.

En realidad, independientemente de que la publicidad sea artística o creativa, nada es más importante que la calidad del producto o la veracidad de las afirmaciones; ya lo decía el experto estadounidense en campañas publicitarias Leo Burnett: "La mejor forma que se puede conseguir en publicidad, en mi opinión, es credibilidad, y nada es más creíble que el propio producto".