•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Durante las décadas de 1950 y 1960, Nicaragua experimentó altos índices de crecimiento económico, a tal punto que se le denominaba a nuestro país el granero de Centroamérica, pero ¿qué diferenciación en la matriz productiva existía en ese entonces, respecto a la actual?, o ¿cuáles fueron los pilares fundamentales que permitieron a Nicaragua alcanzar un superávit (ingresos sobre los gastos) económico que se ve como un sueño utópico en la actualidad?

Para empezar, es necesario recordar que durante este tiempo estábamos gobernados bajo un sistema dictatorial dirigido por la dinastía de los Somoza, que, a pesar de sus características sociales, brindó al país cierta estabilidad política; también poseíamos ventaja en cuanto a una menor densidad poblacional a la que experimentan los países subdesarrollados, la cual era de 7 habitantes por kilómetro cuadrado --en la actualidad es de 42 habitantes por kilómetro cuadrado--, lo que permitió un alto índice per cápita en comparación al actual, que es el segundo más bajo del continente.

Este contexto facilitó el financiamiento de proyectos dirigidos por el FMI y el Banco Mundial, que impulsaron el desarrollo de las actividades agroexportadoras, las que, desde entonces, constituyen el motor de nuestra economía.

A pesar del terremoto ocurrido en Managua en 1972, cuyos daños causaron una pérdida de 772 millones de dólares, lo cual representó un 15% del PIB, según la Cepal, pocos años después, en 1979, cuando se da el triunfo de la revolución contra el régimen somocista debido a las injusticias sociales que sufrían los nicaragüenses, los altos daños económicos, que como todo conflicto armado origina en el Estado protagonista, se pudieron observar en el decrecimiento que experimentó el país. En este caso el desplome económico fue total, el PIB cayó un 25% y el sistema financiero se declaró en bancarrota; según los datos de la Cepal, los daños causados por la guerra entre 1978 y 1979 sumaron 481 millones de dólares; posteriormente el Banco Mundial concluyó que entre 1977 y 1979 las fugas de capitales superaron los 600 millones de dólares.

La característica principal que prevaleció en la siguiente década fue proporcionada por el estallido del conflicto contrarrevolucionario. Era una economía de guerra, donde se experimentaron grandes emigraciones de profesionales y de trabajadores calificados, aumento de empleos a costa de salarios bajos, subsidios de alimentos que ocasionaron daños a los productores y lo más importante: el aparato estatal se ensanchó de tal manera, que los empleados públicos se sextuplicaron entre 1979 y 1987. Solamente el Ejército absorbía directamente 30% del presupuesto nacional y otro porcentaje era destinado para las instituciones dedicadas a la defensa nacional.

Estos fueron de los pocos acontecimientos que únicamente agudizaron la fragilidad de nuestra economía, debido a que durante todo este tiempo nuestro país no realizó ningún cambio en su estructura productiva, siempre nos centramos en la producción y exportación de materia prima, no fuimos capaces de reinventarnos económicamente y esta falta de innovación se arrastra hasta nuestros días.

Ahora pensemos: ¿casi un siglo de historia no es suficiente para motivarnos a realizar un cambio? Los productos principales de exportación de hoy, según datos del Cetrex, son exactamente los mismos de hace 100 años, con el mismo nivel de procesamiento, poco valor agregado que genera pocos ingresos. Por tal razón, es necesario disminuir esta alta dependencia al sector primario, y esto solamente será posible si tecnificamos nuestra producción, elevando la productividad, y es aquí donde factores sociales como una educación de calidad juegan un papel imprescindible, puesto que la educación facilita la innovación, difusión y adopción de nuevas tecnologías, contribuyendo de esta forma a lograr una mano de obra calificada que conlleve a una mejor calidad de vida para los nicaragüenses.

Por lo tanto, sería importante considerar el hecho de dar las herramientas básicas a los tres cuartos de nuestra población que viven bajo el umbral de la pobreza y que, de esta forma, sean capaces de tener la oportunidad de participar en la lucha para lograr el anhelado crecimiento económico de Nicaragua.

 

*Estudiante e investigadora

Comentarios o sugerencias:

yolainari08@gmail.com