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Recientemente el departamento de Chinandega y la aviación se sintieron estremecidos por el fallecimiento de los pilotos Luis Felipe Cáceres Rueda, de 53 años y originario de León, y Eradio Arnulfo Cuadra Aragón, de 50, así como por el accidente del capitán Francisco Gavarrete Balladares, de 54 años, originario de Chinandega y quien convalece en el hospital del Ingenio San Antonio.

Los dos primeros cumplían labores matutinas de aerofumigación en plantaciones de banano y caña de azúcar, al sur del municipio de El Viejo, en la finca Santa Nina. Ambos murieron tras el choque frontal de las aeronaves que conducían a 300 pies de altura. En tanto, el capitán Gavarrete manejaba un helicóptero, que impactó contra cables del tendido eléctrico en el municipio de Posoltega.

Esas bajas han disminuido sustancialmente el personal experimentado para la fumigación aérea en el departamento de Chinandega, y ahora la cantidad de aeronaves que operan es escasa.

En El Viejo, Chichigalpa, El Realejo y Puerto Morazán están concentrados los cultivos de caña de azúcar, maní, banano y arroz, cuya fumigación con aeronaves –aunque costosa– resulta más rápida y eficaz que hacerla con trabajadores, pues estos emplean muchos días para fumigar.

Una aeronave fumiga grandes plantaciones con fungicidas, para erradicar las plagas de esos rubros, en pocos minutos y en pocas horas; sin embargo, el asunto está en que hay pocos pilotos y aeronaves. En vista de eso, si esta práctica desaparece, la fumigación a gran escala se volvería un problema para los grandes agricultores y empresas azucareras.

René Méndez Cajina, un capitán con amplia experiencia en el pilotaje, dijo que “lo impactante es que nos estamos quedando sin medios y sin pilotos de vasta experiencia”.

Mientras descansa en su vivienda ubicada en el barrio Santa Ana, de Chinandega, Méndez afirmó que solo cuatro pilotos laboran en este departamento, porque en junio de 2013 falleció el experimentado piloto Agustín “Tin” García debido a las secuelas de un accidente sufrido en el 2010, en arrozales de Chontales.

El 24 de enero de 2012, fuertes vientos ocasionaron el deceso del capitán Berbis Bonilla, en la finca Santa Elena, al noreste de El Viejo. Bonilla era originario de León y tenía 57 años de edad.

En 1965, los pilotos Luis Felipe Ríos y Ramasov fallecieron cuando intentaban aterrizar en el aeropuerto Godoy, de la ciudad de León.

Más tragedias que antes

Considerado el piloto con más horas de vuelo en Chinandega (tiene 16 mil horas), Méndez Cajina se graduó a los 17 años de edad en el Instituto Aéreo Silva Aire (Aeropuerto Xolotlán), de Managua, en 1964. Méndez aseguró que los pilotos fallecidos recientemente tenían amplia experiencia y eran ejemplares en todos los campos de la vida.

“Esa mañana había condiciones climatológicas, el cielo estaba despejado. Es inusual: cuando volaban varios aviones en labores de fumigación sobre el campo, con el boom algodonero y bananero, no ocurrieron tragedias de esa magnitud”, expresó el piloto, que ostenta una medalla al mérito otorgada por la Fuerza Aérea del Ejército de Nicaragua.

Recordó que la mañana trágica del choque de las dos aeronaves en el municipio de El Viejo, él se reportó a la pista Probanic, conocida como El Bálsamo, y se comunicó con su colega Arnulfo Cuadra. Posteriormente, le informaron del percance y llegó al sitio; sintió su corazón compungido y lleno de dolor.

Comunicación y GPS

Para evitar este tipo de tragedias, Méndez sugirió que se instalen equipos de comunicación como el GPS (aparato de posicionamiento global), para reportar emergencias. Asimismo, considera que el Instituto Nicaragüense de Aeronáutica Civil debe ser riguroso en ese sentido.

 

Una aeronave fumiga grandes plantaciones en poco tiempo, pero el problema está en que hay pocos pilotos.

 

No hay relevo

Foráneos• Debido a la escasez de pilotos en este departamento, las compañías agropecuarias han contratado a empresas de aerofumigación de León y Managua. Igualmente, lamenta que no existe un relevo generacional de aviadores en Chinandega.

El exalcalde de Chinandega, Rodolfo Gríos Herrera, trajo a colación una anécdota sobre el piloto del helicóptero, quien realizaba una maniobra conocida como la “hoja seca”. Esta consistía en apagar la aeronave a cierta altura, luego la hacía planear y descendía. Casi al llegar al suelo, hacía encender sus motores y la levantaba nuevamente.

Expresó que laboró en el aeropuerto El Picacho, de la ciudad de Chinandega, cuando se registraban muchos vuelos diariamente. Dijo que nunca se habían registrado tres accidentes en menos de ocho días, y menos con saldo trágico.

En los 60 y 70, cuando el auge algodonero y se desarrollaron las enormes plantaciones de banano, las aeronaves eran unas 200 avionetas y unos 30 helicópteros.

Actualmente, la aerofumigación se realiza en las setenta mil manzanas de caña de azúcar ubicadas en el departamento de Chinandega, así como en las plantaciones de banano y de arroz.