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El proceso para fabricar calzado no ha variado significativamente a lo largo del tiempo, se trata de un proceso artesanal con participación muy reducida de maquinaria, ya que la elaboración del producto se realiza básicamente a mano con técnicas rudimentarias.

Pablo Enríquez es el propietario de Calzado La Pegada, una pequeña empresa que mensualmente produce más de mil pares de zapatos de excelente calidad, de los que una parte la destina al mercado de Costa Rica.

¿Cómo fueron sus inicios en el negocio del cuero y calzado?

Yo inicié como un trabajador de un taller de calzado y cuero y comencé mi propio negocio por la motivación y las ganas de superarme. Como la gente sabía que yo era zapatero, entonces venían a mi casa a preguntar si hacíamos zapatos para que les vendiéramos; entonces decidí en mis tiempos libres fabricar mis propios zapatos y comercializarlos.

¿Cuál fue su primera venta?

Hace cuatro años empecé con un par de zapatos que me lo compró una vecina y ahora mi producción asciende a más de 1,000 pares de zapatos mensuales y tengo muchos clientes en los mercados de Managua y Masaya.

¿Cómo fueron esos primeros años?

Muy duros, con decirte que a veces no tenía ni para comprar una libra de frijoles, pero eso sí, el poco capital de trabajo que tenía yo no lo tocaba, eso era sagrado, porque si lo gastaba, con qué dinero iba a comprar la materia prima para los zapatos.

¿Ha conseguido financiamiento para capitalizarse?

No, nunca he recibido ni solicitado financiamiento por parte de las instituciones financieras. El poco dinero que logro ganar lo vuelvo a reinvertir y así poco a poco me he comprado algunas máquinas y he ido ampliando el taller y el número de empleados, y así he ido batallando, porque aquí en Masaya hay muchos talleres y no todos prosperan; como me decía un amigo, aquí en cada casa hay un artesano.

¿Cuánto ha invertido en estos cuatro años en su taller?

Solo en máquinas he invertido alrededor de siete mil dólares. Eso sin meter un horno eléctrico que se utiliza en esta industria y toda la materia prima que tengo en inventario. Ahora tengo doscientas hormas de diferentes medidas que he importado de Guatemala.

¿Cómo hace con los diseños?

Vos sabés que los cambios en los productos deben adaptarse a las necesidades del mercado, es por eso que tenemos a algunos estudiantes de diseño que nos ayudan, siempre estamos en busca de exclusividad para atraer a los clientes. Además que lo artesanal, es decir el trabajo a mano, es algo que muchas veces brinda la belleza a un producto que muchas veces la máquina no puede hacer.

¿Alguna vez ha exportado su producto?

Sí, tengo clientes en Costa Rica. Uno de ellos es mi cliente desde que inicié con la empresa y después surgieron dos más que hacen pedidos cada dos meses. Pero la idea es explorar otros mercados de la región centroamericana.

¿Por qué no se atreve a exportar directamente?

Sí lo he hecho, yo tengo mi licencia de exportador, fui al Centro de Trámites de las Exportaciones a sacarla, el problema es que es bien complicado porque cuando voy a sacar el producto tengo que pagar mucha plata y realizar muchos trámites burocráticos. Esos trámites desalientan al pequeño exportador y por eso muchos lo hacen una vez en su vida y después prefieren seguir trabajando con los intermediarios.

¿Cuántos empleos brinda en su pequeño negocio?

Aquí les brindo empleo a trece personas, eso implica que son trece familias que dependen de este pequeño negocio.

¿Alguna vez se imaginó pasar de empleado a empleador?

No, nunca me pasó por la mente, incluso cuando inicié pensé que sería un negocio donde solo trabajaría con mis dos hermanos; pero al ver cómo crecían los pedidos, nos vimos en la necesidad de contratar a otros trabajadores y ahora mi idea es seguir creciendo y poder brindar más empleos.

¿Cuáles son sus proyectos futuros?

La verdad, buscar nuevos mercados internacionales, quisiera exportar a otros países y fortalecer la presencia de mi marca a nivel nacional. Otro proyecto que tengo en mente es trasladar el taller a otro lugar, un local nuevo, porque en este ya no damos abasto, se ha hecho muy pequeño para la cantidad de personas que aquí trabajan.

¿Ha recibido apoyo de instituciones gubernamentales?

El año pasado nos invitaron a participar en un evento de capacitación con gente de la Unión Europea, esto para ver el potencial de ese mercado, pero nada más.

¿A cuánto ascienden las ventas mensuales de su pequeña empresa?

Es variado, pero andan entre un rango de C$300 mil a C$400 mil córdobas por mes.


¿Quién es?

Pablo Henríquez

Nació en Granada hace 40 años, pero desde 1979 vive en Masaya. Es propietario de la pequeña empresa Calzado La Pegada, de Masaya. Cursó hasta segundo año de secundaria y desde niño se ha dedicado a la zapatería.