•   Matagalpa, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

En el pasado ciclo productivo del café, los productores aportaron más de US$2 millones, como parte del Plan Nacional para la Reconversión y Desarrollo de la Caficultura.

Esos fondos, que el próximo año podrían ascender a US$4 millones, son insuficientes para echar a andar ese plan, opina el productor cafetalero y miembro de la Comisión Nacional de Transformación y Desarrollo de la Caficultura, Conatradec, Julio Solórzano.

¿Cuál es el aporte de la caficultura para el departamento de Matagalpa?

Definitivamente que el café es un motor de desarrollo para los departamentos de Jinotega y Matagalpa. Aunque en Matagalpa la ganadería, el arroz y otros cultivos tienen un peso importante, el café es un generador de empleos y de toda la actividad económica de nuestro pueblo y nuestra ciudad.

El sector es muy dinámico por la cantidad de mano de obra que emplea, por la dificultad de podernos mecanizar. Eso hace que ese ingreso que generan las exportaciones de café a nuestro país sea distribuido en una base bastante amplia, que a su vez va a las farmacias, a los mercados y al comercio en general, lo que genera una actividad económica en nuestro departamento.

 ¿Cómo se reparten los departamentos del norte la producción cafetalera?

Jinotega definitivamente es el primer departamento productor de Nicaragua. Produce muy buena calidad de café. Matagalpa lo sigue en volumen de producción; y produce muy buena calidad de café también. Hay zonas donde la calidad es inferior en estos departamentos. Nueva Segovia produce menos café, pero su calidad es excepcionalmente buena. Ahí hay otro potencial y tiene la oportunidad de comercializarse mejor.

 ¿Cuáles son las expectativas de la transformación y la renovación de la caficultura?

En realidad es uno de los esfuerzos conjuntos (entre el sector público y el privado) que tengo expectativas de que pueda ser una oportunidad para realmente apoyar la caficultura.

Anteriormente no se había dado algo así, concertado, y vivimos la crisis del café (2000-2005, por los bajos precios del grano) y realmente hubo pocas acciones de apoyo del Gobierno.

En el caso de Conatradec, ya está por ley definido que habrá un aporte de los cafetaleros, sin embargo, no veo un aporte significativo del Gobierno, que diga: “Aquí están US$5 millones o US$10millones, a parte del programa Crissol Café (ese programa es manejado por el Gobierno y dirigido a microcafetaleros).

El mismo Crissol Café debería ubicarse dentro de la misma estructura de dirección de la Conatradec, para tener homogeneidad en los programas de financiamiento. Ya sea que esos fondos sean distribuidos como donación o como un financiamiento concesionario, pero que realmente dé a los pequeños y microproductores la oportunidad de transformarse productivamente.

 ¿En qué se deben invertir esos recursos?

Debemos invertir en tener un equipo técnico que capture esfuerzos tecnológicos, buenos y malos, porque ambos son valiosos, que se han generado en la región centroamericana, e investigar qué se puede poner en práctica en Nicaragua.

Aquí mismo ha habido productores que están poniendo en práctica esas tecnologías. Podemos rápidamente avanzar en validar esas tecnologías, difundirlas y capacitar a nuestros técnicos. De esa manera podemos tener el respaldo técnico que se necesita. Se requieren especialistas para elaborar proyectos que puedan ser vendibles a organismos multilaterales, como el Banco Mundial, el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) o el Banco Centroamericano de Integración Económica, para buscar recursos que nos permitan hacer inversiones significativas que impulsen ese cambio tecnológico (en la caficultura).

 ¿En ese sentido es urgente la incorporación de Nicaragua a Promecafé?

Claro que sí, pero también debemos tener una contraparte fuerte, porque hay una cantidad de protocolos de las investigaciones (que tiene Promecafé) y necesitamos tener gente con capacidad, con conocimiento, formación profesional y experiencia en el sector café, que pueda analizar ese tipo de investigaciones, que se han venido haciendo en los últimos 30 años, y ver de qué tipo de tecnologías podemos apropiarnos y cuáles ya se están poniendo en práctica en el país. Debemos ganar de esa riqueza que tiene Promecafé y los centros de investigación, de los países centroamericanos.

Tenemos que priorizar qué tecnologías pueden tener un menor impacto en los costos de producción, qué tecnologías son buenas para poner en práctica un programa de renovación de cafetales, qué variedades convienen en determinadas zonas agroclimáticas, con ciertas condiciones de régimen de lluvias, entre otros.

 ¿Tiene futuro entonces, en su opinión, la caficultura?

En primer lugar Matagalpa, Jinotega y Las Segovias tienen condiciones agroclimáticas para producir un café de calidad. Pero no basta con las condiciones agroclimáticas; también es importante la calidad de la planta. Si es una planta agotada, la calidad del café se degrada.

Entonces, volviendo a la Conatradec, hay que tener en cuenta que la caficultura es una actividad productiva que se tiene que ver a largo plazo. Eso no quiere decir que tenemos que ser “tortugas” en el trabajo que tenemos que hacer para la transformación tecnológica de la caficultura, pero sí tenemos que hacer las cosas bien pensadas desde el comienzo, porque lo que se hace hoy tendrá un impacto en la productividad de las plantaciones en los siguientes 25 años. Entonces tenemos que tomar decisiones inteligentes.

No basta con el aporte de los caficultores. El Gobierno tiene que aportar (más recursos), porque se trata de invertir en algo que después le va a generar riquezas al país.

Entonces es bien importante tener una capacidad operativa, que la Conatradec aún no tiene. Es un equipo de especialistas, dedicado a ese trabajo: tiene que apoyar a Conatradec en sus decisiones, con asesoría técnica, y ser la contraparte fuerte de los centros de investigación regional.

Si tenemos un buen equipo, el Gobierno de Nicaragua y el sector privado podemos ir a los organismos multilaterales a gestionar recursos para financiamiento. Podremos elaborar estudios de factibilidad, a como los requieren esos organismos.

 ¿Cuál es la importancia de eso para el productor?

Tienen que estar las reglas del juego definidas para que incentive al productor a exponerse a invertir. Para eso tiene que haber un acompañamiento tecnológico. Si no existe, podríamos malograr las inversiones.

El fondo es insuficiente para hacer todo eso. Está siendo todo un sacrificio para los cafetaleros, pero a lo mejor puede servir para catalizar otros recursos de la cooperación bilateral o multilateral. Generalmente los multilaterales trabajan de Gobierno a Gobierno; pero también tienen una pequeña ventanilla para trabajar con el sector privado, pero en un esfuerzo público-privado, que presente propuestas de estudios de factibilidad, algo serio que sea vendible, sí vamos a lograr recursos especiales para invertir y poder transformar la caficultura.

El productor

Julio Solórzano

Profesión: Economista agrícola.

Es productor cafetalero de Matagalpa. Se graduó como economista agrícola en la Universidad de La Florida, en Gainesville, Florida (Estados Unidos).

Solórzano fue presidente de la Asociación de Cafetaleros de Matagalpa, Asocafemat, de la cual hoy es presidente honorario. Ha trabajado con pequeños y medianos cafetaleros y empíricamente tiene muchos conocimientos sobre ese cultivo.