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La roya (Hemileia vastatrix), que aún persiste con su ataque a los cafetos de variedades arábigas en el norte del país, obligó a los productores a una rápida transformación, pero solo de variedad, no de calidad.

En opinión de Eddy Gutiérrez, caficultor y directivo de la Central de Cooperativas Campesinos Activos de Jalapa, CCAJ, “los productores no quieren nada (ahora) con los caturras”, dijo en referencia a las variedades arábigas, muy vulnerables a la roya, que incluye a los borbones, maragogipes, entre otros.

Por ejemplo, la mayoría de los caficultores de Jalapa han adoptado el catimor o lempira, por considerarlos más resistentes a la roya. Según Gutiérrez, estos cafés se vienen introduciendo a Nueva Segovia desde 1998. “Cualquier persona que iba como cortero a Honduras traía semillas, o un productor de aquí tenía un amigo de allá y este último le regalaba”, anota.

Se repiten errores

Agrega que con el ataque masivo de la roya, que afectó al 35% del área sembrada en el departamento, se masificó el cultivo de viveros con catimor y lempira. “Me atrevo a decir que el 90% de los cafetales de Jalapa ya son catimor”, ejemplificó. Un dato que se invirtió a partir de 2012, cuando arreció la enfermedad, porque antes la mayoría eran caturras o de las variedades arábigas.

Muchos productores se resistían a deshacerse de los cafés caturras, de los maragogipes y borbones, porque algo sentimental guardaban por ellos; pero ante los altos costos que representaba el manejo para disminuir la afectación de la roya, decidieron sustituirlos por los catimores.

Particularmente los pequeños caficultores lo están haciendo sin información, sin asistencia técnica y sin semillas certificadas. Considera que la crisis ocasionada por la roya debió ser una oportunidad para poner fin a un montón de errores que se cometieron históricamente. “Los errores que se comenten hoy se arrastrarán por 20 o 25 años”, advierte.

Joaquín Lovo, directivo de la Asociación de Cafetaleros de Nueva Segovia, dijo que aún no tienen una estadística sobre tipo de café y el área renovada entre sus socios, pero aseguró que la mayoría lo están realizando por esfuerzo propio, sin financiamiento y sin asistencia técnica.

El lado flaco

Para Gutiérrez, el catimor o el lempira presentan un manejo complicado porque si bien son resistentes a la roya, no lo son ante otras enfermedades fungosas como “ojo de gallo” (Mycena citricolor), “el pellejillo”, el “mal de hilacha” (Pellicularia koleroga cooke), al antracnosis (Colletotrichum gloeosporioides), y es dulce a los nematodos, que deja estragos “peores que la roya”, sostiene.

El catimor se está estableciendo a alturas mayores de los 1,000 metros sobre el nivel del mar, en lugares muy húmedos de la cordillera Dipilto-Jalapa, donde se expone a ser fácilmente atacado por esas plagas.

Esta variedad también impacta negativamente en los bosques de la cordillera. Los productores lo están estableciendo “a cielo abierto”, es decir, sin sombra. “Creen que a más sol, menos hongo… entonces hay un acecho contra la sombra natural y los bosques”.

Además, los catimores no encajan en el programa de calidad que venía manejando el país. “Nuestros cafés no se venden en el mercado internacional por volúmenes, ahí estamos entre los últimos; pero en calidad hemos estado entre los primeros siete lugares, aunque nunca se le reconoció ese esfuerzo al productor nacional”, contrasta Gutiérrez.

 

19,361 MANZANAS son dedicadas a la siembra de café en Nueva Segovia.

 

235 mil quintales es la producción de quintales en este departamento.

 

“Nuestros cafés no se venden en el mercado internacional por volúmenes, ahí estamos entre los últimos; pero en calidad hemos estado entre los primeros siete lugares, aunque nunca se le reconoció ese esfuerzo al productor nacional”.

Eddy Gutiérrez, directivo de la Central de Cooperativas Campesinos Activos de Jalapa.