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La fijación de precios fraccionados consiste en atribuirle un precio a cada uno de los elementos de un producto que constituye una unidad. Por lo común, la intención del empresario oferente radica en aumentar directamente el precio final del bien, y por supuesto, el consumidor se ve en la necesidad de adquirir cada una de la partes, pues su propósito es adquirir algo funcional.

No debe confundirse con otras técnicas de ventas; por esa razón es importante diferenciarla. Es muy frecuente encontrarnos con ventas anudadas y ventas conjuntas. En el primer caso, consiste en una práctica abusiva por parte del empresario, pues condiciona la venta de un bien por la adquisición de otro que no guarda relación alguna o que no constituyen la unidad. Por ejemplo, un proveedor no le vende la cama si no compra abanico o no le vende el mueble de sala, si no compra un televisor. La característica fundamental para determinar que se trata de una venta anudada, es el hecho de que los bienes comúnmente puedan venderse por separado; no obstante, en ese establecimiento el proveedor pretende que el consumidor compre los dos, seguramente aprovechándose de cierta posición de dominio en el mercado, es decir, si es el único que vende el producto que el consumidor busca. Siendo así, más posibilidades tendrá de cometer el abuso.

Por otra parte, las ventas conjuntas usualmente se dan en el marco de las promociones, que consisten en ofertas de carácter temporal y con incentivos adicionales: menor precio o más productos por menor precio. Perfectamente se pueden ofrecer productos que no guardan relación como una estrategia de ventas agresivas; sin embargo, el detalle es que esos productos se pueden adquirir por separado, solo que probablemente a mayor precio que si se compraran juntos. Existe en algunos establecimientos la posibilidad de comprarlos por separado, a diferencia de los contratos anudados, donde el empresario se niega a venderlos por separado.

En el caso de la venta con precios fraccionados, se refiere a la práctica de fijar precios a los distintos componentes de un bien, por ejemplo, un precio para el televisor y adicionalmente otro para su control. En el peor de los casos, algunos empresarios alegan que la garantía solo cubre para el televisor y no para el control; esta situación se agrava cuando en algunos artículos solo pueden desarrollar todas sus funciones a través de un control. El consumidor debe analizar cada compra y comprobar por medio de un ligero estudio de mercado que si le están fraccionado el precio de un bien, en vista que tal conducta constituye una transgresión a la Ley 842, Ley de Protección de los Derechos de las Personas Consumidoras y Usuarias. Esta dispone que es una infracción grave fijar precios fraccionados para los distintos elementos de un bien o servicio que constituyan una unidad.