•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La salud y la seguridad son derechos fundamentales del consumidor, y si bien es cierto deben ser tutelados por la administración pública, el consumidor es el principal preocupado por cuidar su salud y por ende, es necesario que investigue los productos que usa, primordialmente aquellos que con frecuencia forman parte de sus adquisiciones.

La Ley 842, Ley de Protección de los Derechos de los Consumidores y Usuarios, dispone que es deber de los empresarios comercializar bienes que no representen riesgos contra la salud, y si así fuere, es necesario que se indique en qué consiste el riesgo y cuál es el componente que puede causar el perjuicio.

Las asociaciones podrían jugar un rol trascendental en la tutela de la salud y seguridad en el uso o consumo de algunos bienes o servicios, por citar un ejemplo, la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec) ha llevado al tapete el problema de la cantidad de plomo que contienen algunos lápices labiales, argumentando además que se producen diversas calidades según el país al que se va a exportar, en vista de que no todos tienen el mismo sistema normativo y en consecuencia, no existen las mismas prohibiciones en todos lados, lo que está prohibido en un país es permitido en otro.

El plomo es un metal pesado que se acumula en el organismo, principalmente en el tejido óseo y puede producir problemas de anemia y hasta afectar sistema nervioso. En países como España, México y Costa Rica existen normas técnicas específicas que prohíben que el plomo sea utilizado en la elaboración de productos, en Nicaragua no existe una norma técnica concreta cuyo objetivo sea erradicar el plomo.

Ahora bien, independientemente no exista una norma técnica obligatoria específica en ese tema, recuérdese que tanto la salud como la seguridad en el consumo son derechos fundamentales, y la Ley 842 dispone que es deber del empresario comercializar productos que no representen riesgo alguno y en caso que exista algún riesgo previsible, es obligación del proveedor transmitir las formas en que este puede evitarse.

Finalmente, es preciso recordar que el uso de cosméticos se ha constituido en uno de los grandes focos que ha coadyuvado en aras de fortalecer la protección al consumidor, sin embargo, ha sido necesario en principio tener una víctima de algún producto para proceder posteriormente a regular o prohibir. Recuérdese que entre 1920 y 1930 se produjeron envenenamientos y desfiguraciones ocasionadas por cosméticos y muertes producidas por medicamentos milagrosos no comprobados.