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Los agricultores en todo el mundo se encuentran frente al reto de producir más alimentos, debido al crecimiento de la población. Sin embargo, también están frente a muchos otros retos, como el del cambio climático, que está provocando grandes pérdidas en los rendimientos de los cultivos o el de las exigencias de los mercados externos.

Diego Montenegro, director de Gestión e Integración Regional, del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, con sede en Costa Rica, asistió a la presentación del informe de gestión de esa organización en Nicaragua y concedió una entrevista sobre esos temas a El Nuevo Diario.

Usted dice que hay grandes oportunidades en la agricultura. ¿A qué se refiere?

El incremento de la población en el mundo está siendo exponencial. Estamos hablando de un crecimiento en el mundo, que nos llevará pronto hacia los 9,000 millones de habitantes. Si hablamos específicamente de América Latina y el Caribe, se trata de un crecimiento no tan acelerado como el de la India y China, pero es también importante, fundamentalmente en las áreas urbanas.

Eso obliga a quienes estamos en la agricultura a tener que buscar estrategias y mecanismos para poder atender a una población cada vez más urbana, con demandas y requerimientos cada vez más sofisticados.

La población urbana tiende a tener otro ritmo de vida. Demanda productos con mayor valor agregado. Eso obliga al sector agropecuario a atender esa demanda más sofisticada de manera más efectiva.

¿Eso quiere decir que hay más poder adquisitivo?

Tenemos una clase media que está creciendo, que en líneas generales tiene una mayor capacidad adquisitiva. Esa clase media va consumiendo alimentos que antes no consumía e incrementando el consumo de productos como la carne. Por ejemplo, se espera que en los próximos 20 años, las familias, en las áreas urbanas, incrementen su consumo de carne en un 35%. En un 30% incrementará el consumo de aves, particularmente pollo. Y otros productos que hoy día son consumidos en menor cuantía.

Eso nos obliga, como actores de apoyo de la agricultura, a tener que generar modelos de mayor innovación, de mayor conocimiento, que generen y provean mayor productividad para poder atender ese mayor escenario.

¿Qué importancia juega en ese contexto la salud e inocuidad de los productos agrícolas?

Ese crecimiento viene acompañado también de un crecimiento de productos procesados que deben cumplir con normativas más estrictas, tanto en el ámbito de inocuidad de los alimentos como de sanidad tanto animal como vegetal.

El uso de menos agroquímicos, los mecanismos de certificación de productos que resulten más sanos para la población. Ahí las agencias de sanidad y de inocuidad alimentaria de los países tienen que concertar acciones con otras agencias sanitarias de la región, para trabajar en estándares internacionales si es que esos productos son para exportar.

Actualmente las normativas para poder ingresar a mercados externos son cada vez más severas. Los consumidores en países desarrollados, como Estados Unidos o Europa, están demandando productos que tengan certificaciones más estrictas de calidad.

Usted también mencionó como un reto de la agricultura en el mundo, evitar las enormes pérdidas de cosechas y alimentos. ¿Cómo lograrlo?

Los datos son dramáticos. Yo mencionaba hoy (ayer) que en los períodos de precosecha, como en los de poscosecha, y en los mismos daños que se dan en nuestros hogares una vez que los compramos, hace que entre el 30 y el 40% de los alimentos tengan que ser desperdiciados.

Es una ironía, porque mientras en el mundo entero hay gente que padece hambre crónica, estemos en otras partes del mundo desperdiciando alimentos.

Eso pasa por concienciar en primera instancia a los productores agrícolas, los procesadores de alimentos y, obviamente, a los consumidores. A estos últimos para que no compren más de lo que se necesita, que hagan inventario de los alimentos una vez que los compran, para que no los echen a perder en sus casas.

Los procesadores que calibren bien sus equipos para que no haya pérdidas industriales, donde hay un porcentaje muy alto también.

¿Y los productores?

A nivel de los productores, buenas prácticas agrícolas, buenas prácticas ganaderas, para asegurarse, por ejemplo, que las semillas sean plantadas en el momento oportuno, el tratamiento cultural de las plantas sea el adecuado, para evitar pérdidas en el campo; que la ganadería tenga un orden y una precisión más severa en las agendas de vacunación, temas sanitarios y de esa manera evitar el alto porcentaje de mortandad que hay en el sector ganadero.

Debe ser una campaña, que ya está en proceso, para evitar que ese 40% de pérdidas disminuya sustancialmente en los últimos años.

Y ahora con el cambio climático se presentan más pérdidas en la agricultura, ¿a cuánto ascienden?

Pues esa es una realidad que hoy día vivimos y que también es dramática. El calentamiento global está obligando a los agricultores a tener que buscar alternativas de producción agrícola. Algunas zonas, que tradicionalmente cultivaban ciertos tipos de productos, hoy día están cambiando tecnologías y productos porque las condiciones climatológicas lo obligan.

Hay afectaciones de plagas, enfermedades, inundaciones, suelos anegados o, por otro lado, sequías que afectan la producción agrícola.

Se estima que dos grados adicionales en la temperatura ambiente podrían ocasionar pérdidas de hasta 25% en la productividad de un grupo grande de productos tradicionales en la dieta de los consumidores centroamericanos, como frijol, arroz, papa, maíz. Es decir que los rendimientos podrían bajar hasta en 25% si se concreta ese incremento de la temperatura en dos grados, por el calentamiento global.

¿Qué tipo de respuesta está brindando el IICA a esas situaciones?

El instituto (IICA) conjuntamente con otras agencias que viven trabajando en esta misma materia, y con el acompañamiento de los mismos productores y agencias gubernamentales en varios países, viene identificando aquellos cultivos que estarían sufriendo los efectos del cambio climático, particularmente en poblaciones más vulnerables, con alto porcentaje de mujeres y niños enfocados en la agricultura familiar o de alta subsistencia.

Esos son los grupos en los que estaríamos enfocando nuestros esfuerzos. Tratar de contribuir a identificar cuáles son los daños, qué prácticas culturales se pueden hacer para adaptar los productos a las nuevas condiciones climatológicas y, por último, que es más difícil, tratar de fomentar que estos productores diversifiquen su producción.

 

¿Quién es?

Diego Montenegro

Administrador y economista agrícola.

 

Actualmente es director de Gestión e Integración Regional, del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA.

Trabaja en el IICA desde hace aproximadamente 8 años. Comenzó como especialista en agronegocios y mercados. También fue representante de la institución en Venezuela y Costa Rica.