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En varias ocasiones, se ha mencionado que en caso de que el consumidor adquiera un bien que tenga defectos ocultos --que se llegaren a manifestar durante el período de garantía--, este perfectamente puede proceder a la devolución del bien y exigir que el proveedor le restituya el dinero pagado en concepto de compra. Este es el derecho que todo adquiriente tiene cuando se trata de vicios ocultos.

Ahora bien, el régimen de protección al consumidor no se limita al derecho que la Ley 842, Ley de Protección de los Derechos de las Personas Consumidoras y Usuarias, le confiere en el caso específico de los vicios ocultos, sino que además este se encuentra protegido, aun cuando se trate de defectos aparentes.

El artículo 45 dispone que cuando los bienes con garantía vigente no funcionen de forma idónea por causas imputables a la persona proveedora o por defecto del producto, deberán ser reparados. En caso de no ser esto posible, la persona proveedora procederá a la reposición del bien por otro de iguales características o la devolución de las sumas pagadas.

El artículo no exige que se trate de vicios ocultos, habla de defectos en general; no obstante, sería un error pensar que el proveedor debería responder por cualquier defecto, rayones e imperfecciones que se pudiesen haber percibido a simple vista; no deberían ser supuestos considerados para la aplicación del artículo mencionado. Entonces, ¿qué defectos aparentes podrían encontrarse en el ámbito de aplicación de la ley?

En principio, al analizar el artículo 45 no parece que exista una exclusión de ciertos defectos. El punto importante es determinar si ese desperfecto evita el funcionamiento óptimo del bien adquirido. El artículo quiere decir que si el consumidor adquiere un bien con defectos que pudiesen haberse manifestado al momento de la compra, aun a pesar del conocimiento de la existencia de esa falta de idoneidad, el consumidor bien podría reclamar la reparación de lo adquirido únicamente en el caso de que esos defectos causaren o resultaren ser un obstáculo para el correcto funcionamiento del bien.

En realidad, la ley presenta un doble régimen de protección al consumidor, el referido a los defectos ocultos y el relacionado a los desperfectos aparentes. En este sentido, es trascendental aclarar que no se trata de una norma que pueda ser usada con la finalidad de abusar de ella, pues los desperfectos simplemente estéticos apreciables al momento de la compra no dan el derecho a reclamo, siempre que no perjudiquen el funcionamiento adecuado de lo adquirido.

El legislador ha querido proteger al consumidor, aun en circunstancias cuando se supone que efectivamente el bien adquirido adolece de ciertos defectos. Un caso puntual es el de los vehículos usados, mismos que tienen una garantía legal de seis meses o veinte mil kilómetros, la circunstancia que ocurra primero.