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Según l Ley 842, Ley de Protección de los derechos de las Personas Consumidoras y Usuarias, la soberanía de decisión de los consumidores es uno de los principios básicos sobre los que se erige la protección al consumidor en general. La Ley habla de otros principios, tales como el de igualdad y no discriminación, buena fe, pro consumidor y transparencia en la información. Sin embargo, a pesar que la Ley habla de varios principios, el de soberanía resulta ser uno de los más importantes.

La Ley define soberanía como el derecho libre que las personas consumidoras y usuarias tienen para elegir el consumo de bienes y servicios producidos y comercializados por personas proveedoras en el mercado.

Se ha dicho que el acto de consumo es libre, y en consecuencia la relación de consumo es el encuentro de dos personas (consumidor-empresario) impulsadas por su espontánea voluntad, de modo que cuando alguien realiza una compra, es con la intención de satisfacer alguna necesidad por él conocida, y ha pagado por el producto o servicio la cantidad consentida y por parte del proveedor, existe el interés de satisfacer las necesidades manifestadas de forma libre por el consumidor. En realidad, el panorama descrito, se refiere a una simple idea o aspiración, pues en la realidad no funciona así, esta debería ser la dinámica en un mercado en el que existen varios oferentes y todos compiten entre sí para llevarle al consumidor las mejores condiciones.

En cambio, en un mercado en el que existen poquísimos oferentes y encima algunos se encuentran coludidos, no se puede decir que el consumidor tenga plena libertad de elección, pues efectivamente las colusiones tienen como propósito la concentración de poder, en detrimento de otros pequeños empresarios y del consumidor, pues este al no tener varias alternativas tiene que aceptar las pocas que le llegan.

No se puede decir que un consumidor que actúa libremente termine pagando varias veces el costo de producción de un bien, independientemente de cuáles sean, casas, electrodomésticos, muebles, y bienes de naturaleza perecedera. A lado de la supuesta declaración de soberanía y libertad del consumidor encontramos a un proveedor poderoso, que investiga al consumidor para manipular sus decisiones. Dentro de este panorama, primero habría que preguntarse ¿Está comprando usted para satisfacer sus necesidades? ¿Su comportamiento como consumidor es el reflejo de una conducta razonable o es el producto del poder, la manipulación y la publicidad?

La soberanía e igualdad no son más que simples aspiraciones, y efectivamente deberían ser objetivo principal de cualquier Ley de Protección al Consumidor, pero el camino para materializarlas es largo, y por encima de las medidas correctivas y sancionatorias que pueda tener el orden jurídico para reprimir ciertas conductas de los empresarios, la piedra angular se encuentra en la educación ¿Qué tipo de consumidores estamos formando para mañana?