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Más que dinero, doña Ligia Lorente invirtió voluntad y un espíritu de cambio por hacer las cosas diferentes en su pequeña finca ganadera, dejando atrás el tradicionalismo. Ella adoptó hace 2 años las buenas prácticas pecuarias y el plan de fincas que convirtieron su propiedad de 12 manzanas en un referente de conocimientos para los demás ganaderos.

Con orgullo de mujer muestra su pequeño hato de 15 animales, robusto y saludable, libre de mastitis, tuberculosis, brucelosis y parasitosis. Con una serie de cuadernillos explica la importancia de la trazabilidad bovina, un registro sistematizado de información de cada animal que desarrolla y de las actividades que realiza en la finca.

“Tenemos todos los animales areteados, cada uno con un código, que permite seguir un registro de su desarrollo. Con la coordinación del Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) se les hicieron las pruebas para detectar las diferentes enfermedades, pero el ganado está sano”, añade.

“SEMBRAMOS ÁRBOLES”

Para explicar los cambios que opera en su finca, se apoya en un mapa que contiene diferentes datos que especifican las características edáficas, el relieve y la vocación agrícola, pecuaria o forestal. “Para que todo esté en armonía con el medio ambiente, y porque cortar un árbol de mi finca es como que me corten una mano”, sentencia.

Contrario al pensar de otros ganaderos que consideran los árboles como obstáculos para expandir los pastizales, aquí en la finca de la señora Lorente mas bien se reforesta de manera permanente, para desarrollar la ganadería bajo un sistema silvopastoril, con cercas vivas, árboles frutales o conservación de los pinares u otras especies latifoliadas existentes que equilibran el clima y evitan la desecación en los pastos.

“A mí me han dicho: “Vos tenés mucho pino y no podés competir con el ganado’. Pero aquí en asocio cultivamos frutales y pastos”. Las vaguadas de la propiedad están cubiertas con cítricos, aguacates, mangos, piña, jamaica, cocos, entre otros, cuya producción sirve para el autoconsumo y la venta. Entre surcos se cultiva heno, que se corta para el ganado, así como otras plantas herbáceas.

ERRADICÓ LAS QUEMAS

Por costumbre, otros ganaderos incendian los potreros en el verano, que sin control se propagan a los bosques, lo que diezma la vegetación, las fuentes de agua y la fauna silvestre.

“Llevamos 12 años de no quemar. Es prohibido. La regeneración es natural y está protegida. Todos los años organizamos a los vecinos para que no realicen quemas, y coordinamos con la Policía para que se cumpla una ordenanza municipal”, señala.

“A los árboles grandes les elevamos la sombra, lo que permite mayor aireación y crecimiento del pasto.