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Es una práctica usual que el empresario una vez pasada la temporada probablemente más alta de ventas, decida ofrecer a un precio más bajo aquellos productos que no pudo vender, por ende, en enero se trata de incentivar al consumidor ofreciéndole productos supuestamente más baratos. Además, con la proximidad del inicio a las clases, es normal que las librerías y todas aquellas tiendas que ofrezcan bienes necesarios para hacerle frente al año escolar, también oferten productos por debajo de su precio normal.

En realidad, las promociones aparentemente son beneficiosas para el consumidor, no puede decirse de forma absoluta que resulten su mejor opción, podría presentarse el caso que este compre simplemente porque crea que está haciendo una buena elección, aunque el producto no le sea de utilidad, por eso siempre es importante determinar cuáles son las necesidades que pretendemos satisfacer, para no ser sujetos de manipulaciones al momento de tomar decisiones.

Ahora bien, siempre es indispensable conocer la tienda en la que se va a realizar la mayoría de las adquisiciones, es la única manera de saber si efectivamente los productos se encuentran más baratos en relación con la oferta común. Algunos empresarios utilizan de forma abusiva la expresión “ventas en promoción” con la simple intención de propiciar el engaño, es una práctica conocida que días anteriores a la supuesta oferta especial, el empresario suba el precio de los productos para después bajarlos y hacerle creer al consumidor que se trata de un precio temporal y especial, cuando en realidad es el mismo importe de todo el año.

Una promoción tiene que cumplir con dos requisitos fundamentales: a) Temporalidad; y b) excepcionalidad. Ambos se refieren a que el bien se podrá encontrar en condiciones especiales por un tiempo determinado, la promoción no puede tener un carácter permanente, pues dejaría de ser una oferta temporal y excepcional para convertirse en una venta común, misma a la que usted puede acceder todo el año y no necesita apurarse para aprovechar sus ventajas.

El legislador, con la intención de evitar abusos y engaños para el consumidor, ha incluido en la Ley 842, Ley de Protección de los Derechos de las Personas Consumidoras y Usuarias, algunas precisiones y prohibiciones importantes que han cambiado las reglas del juego, actualmente el empresario aparentemente no debería utilizar términos o expresiones tales como “condiciones aplican” o “hasta agotar existencias”, pues la Ley afirma que toda promoción dirigida a las personas consumidoras finales deberá indicar en forma clara los términos de la misma, su plazo, duración, número de bienes o servicios ofrecidos, las características de ambos, el tiempo de reclamo por los premios, según sea el caso, u otra información relevante para el conocimiento de la persona consumidora o usuaria.

En todo caso, si cualquier consumidor considera que una práctica es engañosa y vulnera los preceptos expuestos, podría presentar su reclamo o hacer su consulta a la Dirección de Protección de los Consumidores, con la finalidad de saber qué pasos seguir para denunciar o reclamar sobre determinada conducta.