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Toda su vida ha sido una mujer multifacética. Además de estar en el “mundo” del  empresariado, ha pertenecido y pertenece a diferentes organizaciones sociales en la que hoy en día se enorgullece por ayudarle a los más desposeídos, expresa la licenciada Edelmira Acevedo Álvarez.

Acevedo Álvarez tiene 63 años y es originaria de Santo Domingo, Chontales, aunque desde que regresó de Costa Rica en el año 2001 vive en Juigalpa, donde ha abierto varios negocios, sin embargo actualmente solo le ha quedado el hotel spa Las Miradas. Según ella los demás negocios cerraron por falta de personal especializado y no de capital.         

¿Cómo empezó a ser empresaria y a qué edad?
Tenía como 26 o  27 años. Antes trabajaba en la OEA  (Organización de Estados Americanos) como asesora internacional de proyectos. Pero luego decidí independizarme porque eso fue lo que mi padre me enseñó, que fuéramos emprendedores y además que siempre pues tuviéramos una empresa, que fuéramos independientes, porque incluso él siempre nos decía que tenía mucho respeto por el carretonero que vendía helado o raspados en la calle… nos metió a todos los hermanos (a los 16 hermanos)  a trabajar de forma independiente…

¿Con qué capital inició su primera empresa?
Después que puse la renuncia donde trabajaba, y con las prestaciones que recibí en esa ocasión monté el negocio aquí en Nicaragua, una boutique y una peluquería que se llamaba Mundo Elegante (1980-1981).

¿Después qué paso?
Posteriormente comencé a exportar a Costa Rica zapatos… Quise exportar zapatos de Masaya a Costa Rica y después abrí una tienda allá (en Costa Rica). Eran los mejores (los zapatos)  de la región en ese tiempo, había calidad y variedad y entonces tenía mucha acogida este tipo de zapatos… cuando abrí el negocio alquilé el local en Cartago y después en San José… en Cartago pagamos un alquiler bajo y en San José pagábamos por uno con mayor costo, sin embargo decidimos arriesgarnos, siempre me ha gustado ser emprendedora y arriesgarme, me gusta aventurar e innovar.

¿Cuántos zapatos exportaba en ese entonces a Costa Rica?
Mensualmente entre 2 mil y 3 mil pares de zapatos.

¿Valía la pena exportar?  
Sí, claro que sí, pese a que habían estrictos controles… los zapatos tenían que decir hechos en Nicaragua… en ese tiempo  estábamos muy industrializados, debíamos ponerle etiquetas a los zapatos, tenía que ponerle  uno por uno. Recuerdo que no uso uñas largas porque tenía que ponerles a 5 mil pares de zapatos etiquetas y además de eso  había que bajarlos en la Aduana de Nicaragua y bajarlos en la Aduana de Costa Rica…  

¿Qué otros mercados abrió?  
Posteriormente viajé a Panamá y empecé a exportar de Panamá a Costa Rica ropa y calzado. Allí abrí un negocio en la avenida central de Costa Rica y después abrí 4 negocios más…

¿Por qué escogió Costa Rica para exportar ropa y calzado?
Lo que pasa es que tenía raíces en Costa Rica, tenía unos tíos. Cuando yo trabajé en la unidad de la base sectorial en Nueva Guinea, en ese tiempo, me di cuenta de muchas cosas que le pasaba a los campesinos… tuve que salir exiliada a Costa Rica (en el año 1977).

Hablando de empresaria ¿entonces usted siguió los pasos de su padre?
Desde pequeña nos criamos en un ambiente de empresarios… mi padre toda la vida tuvo negocios de ropa, calzado de todo tipo, me crie en ese ambiente…Desde niña hacía  trueques con mi papá que me daba una caja de chicles y yo los iba vender con un hermano mío al cine y después como él tenía una finca todos los productos grandes yo escogía los mejores y con ese hermano Wilfredo nos íbamos de casa en casa a venderlos… decían los hijos de don Rafael andan vendiendo, siempre tuve esa inquietud del comercio y además de eso siempre me ha gustado innovar. Durante estuve en Costa Rica viajaba a los Estados Unidos y  a otros países a comprar.

¿En qué año fue que decidió regresar a Nicaragua?  
En el 2001 regresé a Nicaragua, pero vi que en Juigalpa había una serie de necesidades de innovación de empresas, otro tipo de negocios … en Juigalpa solo habían negocios tradicionales… inclusive mi  primer negocio fue la casa del queso en Juigalpa… A pesar de que se decía que era donde los ríos son de leche y la tierra se cuajada… en Juigalpa no había un lugar donde comprar queso… o uno llegaba a cierto lugar y te decían no, estos ya están encargados… por eso puse la casa del queso... se vendía una serie de variedades de queso, fue impactante…

¿Y, por qué cerró la casa del queso?
 ...Había un señor que me hacía variedades de queso con chile, con chiltoma, pero después desapareció… ya no podía suplirme a mí… busqué a todos y nadie quiere innovar… preferí cerrar... Después abrí otro negocio. Son negocios escuelas que yo pongo. En ese entonces todas las casas de Juigalpa eran pintadas en blanco, celeste, rojo, eran tradicionales… pregunté por qué no habían colores diferentes en anaranjado, me decían que era muy cara la pintura… fui a hacer una negociación con una compañía de pintura… fue la primera máquina que se trajo aquí en Juigalpa. Era una computadora que combinaba colores, puse el negocio de la  casa de la pintura… también estuvo como 5 años, la única persona que se capacitó en la empresa podía hacer pintura para vehículos y para casa, pero se fue… la misma compañía tampoco no me podía enviar a un personal capacitado… prácticamente en Nicaragua no había personal calificado, por eso cerré.

¿Tengo entendido que se ha quedado solo con el hotel Spa Las Miradas?   
La historia del hotel spa Las Miradas. Al inicio construí solo mi casa y hasta después el hotel...

¿Qué hay que hacer para ser una buena empresaria?
Creo que tener una buena visión, innovación, trabajo arduo, organización y a veces no necesariamente capital… yo siempre he dicho que a veces puedo quedarme sin ningún peso y de cualquier manera uno vuelve a ser emprendedor. Hay que demostrar honradez, seriedad y una buena organización... mi padre siempre decía que el primer capital del mundo es el crédito y si uno aprende a ser responsable con las instituciones bancarias tiene las puertas abiertas…