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Cada una de las tres variedades de mangos que llega a los anaqueles de los supermercados y tiendas de Estados Unidos, procedentes de Nicaragua, pasa por un riguroso proceso de certificación que inicia en las plantaciones y que concluye en la planta de procesamiento. El propósito final es que la fruta llegue al país del norte sana, libre de toda clase de insectos y, sobre todo, de dos tipos de moscas: la denominada mosca del mediterráneo y la mosca del mango.

Un documento firmado por un funcionario del Servicio de Inspección de Sanidad Agropecuaria (Aphis), adscrito al Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés), garantiza que cada contenedor que sale de la finca de 300 hectáreas propiedad de Mangosa, ubicada en El Jicaral, cumple con todos los requisitos exigidos por el gobierno de ese país.

El proceso de certificación —en el que también está involucrado un inspector del Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria (Ipsa) de Nicaragua— empieza con la colocación de trampas en las plantaciones. El programa de certificación data desde 1994, cuando iniciaron los envíos de mangos a Estados Unidos. Ese año se exportaron 300,000 cajas de esta fruta.

Lloyd García, funcionario del Aphis y quien visitó Mangosa la semana pasada como parte de una supervisión anual, recordó que tras la solicitud de exportar, realizada más de dos décadas atrás por el Gobierno de Nicaragua, el Departamento de Agricultura asignó a un grupo científico la evaluación de los riesgos. Se evaluó, dijo, si la importación de la fruta implicaba alguna amenaza para el medio ambiente en Estados Unidos.

En ese proceso identificaron que la mosca de la fruta (anastrepha oblicua macquart) era la principal plaga. “Basados en esa evaluación, el Gobierno dijo que Nicaragua podía exportar si hacía un proceso que mitigara los riesgos”, dijo García. El proceso de mitigación que se estableció “es el trampeo de moscas de la fruta en las áreas donde está el mango”, con el objetivo de monitorear las poblaciones de este insecto.

El Gobierno a través del Programa de Vigilancia Fitosanitaria, ejecutado por el Ipsa con fondos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, garantiza desde entonces los planes de mitigación y también que estos se extiendan más allá de las plantaciones de mango.

En aproximadamente 587 km cuadrados se han instalado trampas y hay un área de amortiguamiento de 217 kilómetros. En 2009 se decretó el área libre de la mosca del mediterráneo y en la actualidad la zona es de baja prevalencia de la mosca del mango.

Nicaragua es modelo
Cuando el mango llega a la planta de procesamiento se inicia un proceso que minimiza al máximo la posibilidad de que la fruta contenga algún tipo de larva. Los tratamientos se designan por el tamaño del mango y se practican en todos los lugares desde donde se exporta la fruta hacia Estados Unidos.

El primer paso en la planta es tomar una muestra. De una a 100 cajas toman una fruta de cada tercer caja; de 100 a 200 cajas agarran una fruta cada cuarta caja, y así. Los mangos escogidos, incluyendo la semilla, son partidos para verificar si no hay gorgojos ni moscas.

El siguiente paso en el tratamiento es el deslechado y el calibrado, y luego está el proceso hidrotérmico. En este último los mangos son sumergidos en agua a 116 grados Fahrenheit. Las frutas que pesan hasta 375 gramos son tratadas a 65 minutos; las que pesan de 376 gramos a 500 a 75 minutos, y las de 501 a 700 a 90 minutos.

“El tratamiento está hecho para matar la larva, de ahí la importancia de clasificar los mangos por peso. Tiene mucho que ver el tamaño de la pulpa para que el tratamiento sea efectivo”, indicó Eleoth Fuentes, supervisor de Aphis en Mangosa.

Marcos González, supervisor de Aphis para Nicaragua y Costa Rica, explicó que este “tratamiento garantiza que si el mango lleva alguna larva se va a morir”.

“Aquí hay mucha confianza en que los tratamientos no deben fallar. Una de las ventajas de tener inspectores tanto del Ipsa como del Departamento de Agricultura de Estados Unidos en la planta es que todos los embarques salen certificados, lo que significa que cuando esa carga llega a los puertos de entrada de Estados Unidos, pasa directo”, agregó González.

Tras el proceso hidrotérmico se preenfría el mango, se empaca y después se mete a un cuarto frío por entre dos y tres horas. La fase final es introducir la mercancía en el contenedor.

¿Por qué tanto miedo a la mosca?
Si una mosca llega a Estados Unidos y se reproduce provocaría pérdidas millonarias en la industria de los cítricos, que es muy fuerte en ese país. Lo que a su vez provocaría la necesaria inversión de muchos otros millones de dólares para erradicar el brote.
Lloyd García recordó que un brote pequeño en la Florida provocó una inversión de US$4 millones.

“Permanentemente el Departamento de Agricultura de Estados Unidos tiene un programa contra la mosca del mediterráneo en Guatemala, el presupuesto anual es como de US$30 o US$40 millones, simplemente para tener una barrera entre Guatemala y México, y que no llegue a Estados Unidos. De ahí la importancia de que esta área esté libre”, añadió García.

Marcos González dijo que si una larva de mosca viva se encontrara en alguno de los contenedores, el programa tendría que cerrar. “Ya pasó en 2007, un programa se cerró y tuvo que haber toda una investigación para volverlo a abrir. Este programa en Nicaragua ha funcionado desde los años 90 y tiene, lo que llamamos, cero intercepciones, ninguna plaga ha sido detectada”.

El negocio

“Sin Ipsa y sin Aphis no tendríamos negocio”, sostuvo Esther Incháustegui, gerente general de Mangosa.

“Hay un protocolo internacional y son tres agentes involucrados: Aphis, Ipsa y las empresas. En Nicaragua solo está Mangosa. Ninguno puede hacer nada solo”, agregó.

La zafra en Mangosa dura entre 10 y 12 semanas, de la última semana de enero a la tercera de abril, generando 780 empleos. “México es nuestra mayor amenaza en términos de volumen, por eso nuestra zafra dura 12 semanas, de 10 a 12, mientras más corta mejor porque agarramos más la ventana de oportunidades, el 85% de nuestra fruta va a Estados Unidos”.

Este año los precios han bajado, apuntó Incháustegui. “El año pasado estaba entre US$7.80 y US$9 la caja de 4 kilos y este año está entre US$6.5 y US$5.5. Por un lado esto se debe al clima, el mango es una fruta de verano y en Estados Unidos la ola de invierno ha sido inusual”. Otro factor es que “si México se anticipa mucho y lanza una oferta, estando tan próximo a Estados Unidos, hay una oferta muy alta y el precio baja”.

Está previsto que este año se exporten 1,160,000 cajas de mangos a Estados Unidos. Mangosa exporta tres variedades: tommy atkins, keitt y ataulfo.