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Para muchas familias del campo, en el departamento de Jinotega, el salario de C$100 que obtienen al día es insuficiente para conseguir una buena alimentación.

Es quizás una de las razones por la cual las estadísticas señalan que en algunas zonas de ese departamento una de cada tres personas se encuentra en estado de inseguridad alimentaria y el 80% de la población en estado de pobreza.

La familia de Vilma del Socorro Cruz, habitante de la comunidad El Golfo, en el municipio El Cuá, era una de las que vivía en esas condiciones, pero al parecer, sus gallinas le han mejorado un poco la vida.

Cruz resultó beneficiada con el proyecto “Iniciativas locales de bajo costo para la producción sostenible de aves criollas”, que favoreció a 1,000 personas de los municipios de Jinotega, La Concordia, El Cuá, Santa María de Pantasma y Wiwilí.

El proyecto se llevó a cabo gracias al trabajo conjunto de una serie de organizaciones: el Instituto de Investigación y Desarrollo Nitlapan-UCA (de la Universidad Centroamericana), La Cuculmeca, la Asociación de Voluntarios por el Desarrollo Comunitario, la organización Oikos (siglas en portugués), la Unión Europea y Heifer Internacional.

Capacitación
Por medio de ese proyecto, los beneficiados participaron en escuelas de campo y aprendieron técnicas sobre vacunación, elaboración de concentrados, construcción de gallineros, larvarios, bebederos y finanzas que les ha permitido obtener un incremento en la crianza de sus aves.

Cruz contó que antes del proyecto sus gallinas no ponían huevos y se le morían porque no tenía el conocimiento para cuidarlas: “He logrado que las gallinas, de 15 huevos que ponen, me den igual número de pollitos. Ahorita le puedo decir que de seis gallinas que me dieron, tengo 67, y siempre hay huevos en la casa ya sea para comer o para que ellas mismas se puedan reproducir”.

La comida en casa
Medarda Herrera, de La Concordia, a 35 kilómetros de Jinotega, narró que antes del proyecto no veía a las gallinas como una fuente de ingresos.

“Ahora, no solo he apoyado a otras familias como me comprometí con el proyecto, sino que mi familia y mis vecinos miran que se puede vivir mejor con seis gallinas ‘culecas’ (en periodo de incubación de sus huevos) y eso es una bendición tener siempre la comida en la casa”, declaró.

Según Maïté Couvrer, coordinadora del proyecto, se sentó un precedente sobre el trabajo de las organizaciones en los territorios. Ese proyecto se desarrolló entre noviembre de 2011 y marzo de 2015.