Manuel Bejarano
  •   Managua, Nicaragua  |
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Felícita Aburto, de la comunidad Valle de Los Aburtos (en Managua), fundó una pequeña pulpería en el 2007 con una cantidad de dinero que apenas ascendía a C$3,000.

Actualmente, Aburto es propietaria, en sociedad con su hijo, de un taller de fundición en el que producen 200 peroles diarios y generan unos C$130,000 en ventas semanalmente. Asimismo, generan cerca de 10 empleos, principalmente para jóvenes de la comunidad.

Al igual que Felícita Aburto y su hijo, Ada Mariana Narváez es otra clienta de Pro Mujer, microfinanciera que le ha echado una mano para forjar su propia historia de éxito.

Narváez tenía su propio taller de fundición, pero necesitaba capital para comprar materias primas. Una vez que consiguió financiamiento, según una nota de la microfinanciera, elevó a 15 el número de trabajadores, adquirió un nuevo horno de fundición y un camión, con el que hace las compras de aluminio y aceite para producir 300 peroles y venderlos en los mercados de Managua  y Tipitapa.

Aburto y Narváez están entre las cerca de 50,000 mujeres nicaragüenses que han recibido créditos de esa microfinanciera. Las mujeres están distribuidas en siete departamentos del país y en su mayoría son cabezas del hogar. “Mueven más de US$16 millones en pequeños negocios,  que una vez fueron de subsistencia y hoy generan empleos”, destacó Pro Mujer.

La organización dispone de US$4 millones para financiar a otras mujeres, que deseen capitalizarse o iniciar un nuevo negocio.

Parte del éxito que han conseguido las mujeres con los créditos de Pro Mujer se debe a un componente de educación financiera, que les permite administrar los recursos, invertir sus ganancias y cultivar un mejor futuro para ellas y sus familias.