Manuel Coronel Novoa*
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(II entrega)

En mi primera entrega compartí los primeros 3 mitos. En el 3ero. dije que la educación por sí misma no nos hace más productivos. Con esto no estoy esgrimiendo un argumento contra la educación, por el contrario, es un argumento a favor de la educación, pero una educación orientada a aprender a aprender (valga la redundancia) como nos sugiere Joseph Stiglitz en su último libro sobre el crecimiento económico titulado “Crean-do la sociedad del aprendizaje” (Columbia University Press, 2014). En la reunión de Alide, en México, compartí el panel de discusión con el presidente del Banco Nacional- Financiera de México, Sr. Jacques Rogozinsy, quien resume el tema con la siguiente pregunta: “De qué le sirve a México que un joven te recite la vida de Benito Juárez --digo, está muy bien que conozca a sus próceres--  pero ¿está listo este joven para leer y seguir las instrucciones en inglés y con algunas formulitas para operar una máquina herramienta?”.

Mito No. 4: “Hay una fórmula universal para la productividad”
NO. No existe una fórmula universal para la productividad. Se trata de  un proceso multifactorial complejo y acaso caprichoso. Lo que sí hay es una masa crítica de condiciones con canales de transmisión favorables a la productividad, a los que ya nos referimos en el mito No. 1. Lo demás es un arte de calibrar políticas producto de un diálogo dinámico con los agentes económicos tomando en cuenta la etapa de desarrollo del país en cuestión. Si se trata de un país de bajos, altos, o ingresos medios; si se trata de un país con o sin recursos energéticos, niveles de educación, progreso tecnológico; un país agrícola, o industrial, y por supuesto no ignoremos lo que nos dice Thomas Pickety (El capital en siglo XXI, Harvard University Press, 2014): que las realidades económicas son “más bien producto de la interacción entre poderosos agentes económicos, sociales, y políticos, y de las opciones resultantes de dicha interacción”.

Mito No. 5: “La empresa latinoamericana está muy rezagada respecto a la empresa asiática, lo que hace a América Latina menos productiva”.
NO. La empresa latinoamericana del sector formal comparada con una empresa homóloga asiática no necesariamente está tan rezagada como para explicar las enormes diferencias entre la productividad en América Latina vs. la de Asia. Lo que según los investigadores del tema explica esta diferencia, es el gran tamaño del sector informal en América Latina vs. el de Asia. El  investigador y vicepresidente de sectores y conocimientos del BID, Dr. Santiago Levy, quien también se dirigió a la audiencia en la asamblea de Alide, nos ofreció datos reveladores: “El típico país de América Latina produce cerca del  40% de su PIB y emplea el 70% de su fuerza laboral de manera  informal”. (No me voy a aventurar a ofrecer números sobre la informalidad en Nicaragua, pues los que he escuchado no sé de dónde salen).  Levy también nos señala (con datos econométricos en mano) que la informalidad denota ineficiencia en la distribución de recursos de la economía, incentivos perversos, y distorsiones, que afectan negativamente la productividad y el crecimiento de un país. Sin embargo yo agrego que es importante advertir que “declararle la guerra” a la informalidad --que más bien representa una válvula de escape social en un proceso de transición-- puede ser contraproducente y hasta catastrófico. Pienso que debemos irla reduciendo de manera paulatina --aunque proactiva-- con casos que generen efectos demostrativos y en la medida que vayamos logrando que los beneficios de la formalización  sean mayores que los costos de la informalidad.

Mito No. 6: “La innovación tecnológica es motor de la productividad”. Depende.
Tengo un amigo empresario que me dice que está cansado de escuchar el discurso que traen muchos expertos del Banco Mundial o el mismo BID aquí a Nicaragua, de que “hay que innovar, innovar, e innovar para alcanzar progreso tecnológico y alcanzar mayores tasas de crecimiento”. Mi amigo me hizo la inteligente observación de que nuestros “expertos” están encajonados en una ciega receta que corres-ponde a una etapa elevada del desarrollo, y que hay que primero saber “copiar”; es decir, saber seguir instrucciones de algo que está ya bien hecho. ¡Mi amigo tiene razón! No solamente los modelos sino las experiencias empíricas lo respaldan. Corea del Sur, cuyo PIB per cápita en 1981 era menor que el de la Nicaragua de hoy --y que es ahora 13 veces mayor-- pasó la mayor parte de este período copiando tecnologías y no comenzó a innovar sino hasta muy recientemente cuando una masa crítica de su capital humano había ya alcanzado la  frontera tecnológica global tanto en conocimiento como en habilidad técnica. Es como la diferencia entre un cocinero y un chef. Las escuelas de alta cocina en París, Lima, México y Estados Unidos, no te dan el título de chef sino hasta que creas tu propia receta de manera consistente. Pero antes tuviste que haber sido muy bueno copiando las recetas de los mejores chefs del mundo.

*El autor es representante de Nicaragua en el FMI. Tiene una maestría en Economía y Finanzas Aplicadas en la Universidad de Johns Hopkins, y es Ingeniero Eléctrico y en Computación de  la Universidad de Texas en Austin.