Noel Ramírez Sánchez
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Lawrence A. Cunninghan ha sido profesor de la escuela de leyes de George Washington University y ha escrito varios libros en el campo de las inversiones y especialmente sobre el estilo de Ben Graham y Warren Buffett y en uno de ellos, “How to think like Benjamin Graham and invest like Warren Buffett”, aparece una fábula, que es fabulosa y que hoy deseo compartir con ustedes.  Nosotros conocimos muy bien esta universidad, ya que ahí pasamos tres semestres, antes de ir a Yale, familiarizándonos con la economía, ya que mi formación era la de un simple abogado. 

Y  todo esto debido a mi mentor, Roberto Incer Barquero, a mi juicio, el mejor presidente de Banco Central que ha tenido mi país.

La fabulosa fabula es la siguiente:  

Había un viejo que deseaba vender un árbol de manzanas, cuya cosecha anual era de US$100.  El primer comprador le ofreció US$50, ya que lo deseaba para venderlo como leña, sin embargo el viejo la rechazo ya que era solo un valor residual, como si el árbol no produjera manzanas o si la madera del árbol hubiera subido tanto de precio, que ya el valor de las manzanas fuese despreciable.  Como cuando llega el momento de urbanizar los cafetales.  Esto le recuerdo permanentemente a mi cuñado, el ingeniero Mario Gutiérrez Peña, uno de los mejores cafetaleros del país.

El segundo comprador le ofreció US$100, pero el viejo también lo rechazó, ya que solo cubría el valor de la cosecha actual ¿y qué pasaba con las futuras cosechas?

El tercer comprador que era un estudiante de una escuela de maestría en administración de empresas, de esas que abundan en la actualidad, calculó los ingresos de los próximos 15 años y le ofreció US$1,500.  El viejo también rechazó esta oferta –como veremos mas adelante, nosotros la hubiéramos aceptado de forma inmediata- y le dijo que los US$100 que recibiría dentro 15 años, hoy solo valían US$41,73, ya que la tasa de interés que en ese momento se podía obtener sobre un certificado de depósito era el 6 por ciento anual.  Además, le dijo que fuera de nuevo a revisar sus notas y libros de clases de finanzas, o que cambiara de universidad.  Recordemos que la educación es la mejor inversión que podemos heredar a nuestros hijos y nietos y por ello debemos ser muy cuidadosos con este tema.

El cuarto comprador que era un médico, le ofreció nuevamente los US$1,500, ya que él era un hombre, supuestamente, “muy bien informado” y siempre ofrecía el precio de mercado, nunca más que eso.  El viejo también rechazo esta oferta y le dijo que en este caso no había realmente un mercado para la compra y venta de palos de manzanas y que aunque hubiera tal mercado, que no creyera en el mismo, ya que muchas veces se cometían enormes errores en nombre de ese mercado.  

El quinto comprador que era un contador le dijo, yo le doy US$75, ya que eso fue lo que usted pago por ese árbol hace diez años y aunque no lo estoy depreciando, ya que creo que en este caso no es aplicable, yo le ofrezco el “valor en libros”.  El viejo también rechazó esta oferta y le dijo al contador que cualquier persona, por tonta que fuese, sabría que el árbol valía más que su valor en libros.

La sexta compradora era una “stock broker”, con un MBA de una excelente escuela de negocios, donde vale la pena enviar a los hijos y nietos, y le dijo que ella le ofrecería un precio que estaría basado en la “capitalización de la utilidades” del árbol de manzana.  Además, le dijo que los US$100 no eran utilidades, que eran simplemente ingresos, ya que había que deducir los costos y gastos de mantenimiento, había que tomar en cuenta el costo de adquisición del árbol, tenían que depreciar cualquier gasto que fuese depreciable, deducir los impuestos y así obtener las utilidades del último periodo, que ella estimaba en US$50 y que el promedio de las últimas tres cosechas había sido US$45.  El viejo se sorprendió y le dijo que él creía que había ganado US$100,  además, la joven le dijo que ese beneficio no era estable ni seguro, como era el rendimiento de un bono del tesoro de los Estados Unidos, que las utilidades podían subir o bajar por diversas razones y por lo tanto, el “riesgo” era mayor.  Que además, ella tenía que analizar sus alternativas “comparables” de inversión y que después de ese análisis había llegado a la conclusión que el rendimiento que ella demandaría de una inversión con ese perfil, seria 20 por ciento.  Por lo tanto, ella le ofrecería un precio que le garantizara un rendimiento del 20 por ciento.  Y que ese precio, en Wall Street – y creo que también en Masatepe- se obtenía dividendo las utilidades promedio de US$45 entre la tasa de rendimiento del 20 por ciento y que, por lo tanto, el precio era de US$225.  El viejo solo le respondió que analizaría su oferta y que al día siguiente le daría una respuesta.

Al día siguiente, el viejo le dijo a la joven que las utilidades no eran necesariamente “efectivo” –cash flow- y que en este caso el flujo de caja era de US$50 y además, había un valor de residual al concluirse la vida útil del árbol; así mismo, le dijo que había revisado operaciones similares y que las tasas de descuento que se habían utilizado eran de 15 por ciento, ya que los bonos del tesoro ofrecían tan solo un 8 por ciento.  Por lo tanto, si los beneficios del árbol de manzana fuesen tan seguros y estables como los de los bonos del tesoro, su precio sería US$388, pero como el reconocía el riesgo que el árbol tenía, el reconocería una tasa de descuento del 15 por ciento que le llevaba a un precio de US$270  y que por lo tanto, si le daba los US$270, se lo vendía.  La joven le respondió que entendía su análisis y que estaba sorprendida por sus conocimientos, pero que recordara que en un futuro el árbol requeriría de algunos trabajos especiales para seguir produciendo normalmente, por lo que ella le ofrecía US$250, a lo que el viejo le dijo que aceptaba. Espero que esta fabulosa fabula, algún día les sea de alguna utilidad. 

No se olviden, ahora para Navidad, pasar por Hispamer adquiriendo “Reflexiones para la alta dirección empresarial”. 

nramirezs50@hotmail.com