Sergio Balladares
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A comienzos de los setenta, para usar una computadora en cualquier universidad avanzada, había que apuntarse en una lista y esperar turno para usar una máquina de un par de toneladas, casi siempre producida por IBM, y que tenía capacidad de procesar datos masivamente. La memoria RAM o capacidad de procesamiento se medía en megabytes y el aparato comúnmente tenía costos millonarios.

Por supuesto que luego se introdujeron las computadoras personales, el internet y las capacidades de procesamiento se vieron creciendo a paso fuerte. En estos años fue que Bill Gates se hizo el hombre más rico del mundo, se consolidó la industria del software y el internet surgió realmente como una herramienta poderosa de información, y hasta considerada como un derecho humano.

Si bien las computadoras son una tecnología omnipresente en espacios de trabajo, nunca tuvo el alcance universal. De acuerdo con estadísticas del Banco Mundial y firmas de inversión, nunca ha habido más de 1,500 millones de personas con una PC. El año récord tuvo ventas de 310 millones de unidades y en 2015 se vendieron menos que en 2014.

Los celulares empezaron siendo algo parecido a las computadoras de los 70. Eran enormes, tenían costos prohibitivos y solo funcionaban en espacios limitados. El primer celular que yo vi, en los 90, era más incómodo que funcional. La curva de adopción empezó a ser más alta entre 2002 y 2004. A finales de 2015, de 5.5 mil millones de personas mayores de 14 años, se estimaba que alrededor de 4.7 mil millones tienen un celular. 2.5 mil millones tenían en esa fecha un celular inteligente.

La firma de inversión Andreeesen Horowitz proyectó que en 2020 ya los usuarios totales de celular serían 5.6 mil millones, con 4.9 mil millones siendo teléfonos inteligentes. América Latina, según esta misma firma, cuenta con una adopción de móviles de alrededor de 70% de la población adulta, con aproximadamente el 20% del total, con teléfonos inteligentes.

Estos celulares inteligentes tienen, en su mayoría, la capacidad de computación similar o mejor que las computadoras de los 70. La adopción está creciendo todos los años, el precio bajando y las funcionalidades aumentando de manera excepcional, a través de las tiendas digitales. Han reemplazado de manera clara a las cámaras, lámparas de mano, calculadoras, y hasta espejos.

Para muchos, el celular es la fuente principal de información, comunicación, entretenimiento y, me atrevo a decir, trabajo. Es más fácil mandar un mensaje por un grupo de WhatsApp que mandar un email, es instantáneo y sencillo. Ya los teléfonos tienen además periféricos. Hay relojes inteligentes, lentes de realidad virtual y audífonos inteligentes que funcionan anclados al celular, similar a cómo funcionan las impresoras con las computadoras.

Asimismo, el espacio de “cosas controladas” o conectadas al internet también ha venido creciendo. Desde cerrojos inteligentes, hasta termostatos, pasando por refrigeradoras, cámaras de vigilancia y transmisores GPS. Ahora todo es “smart”, pero girando alrededor siempre del dispositivo “ancla”, que es el smartphone.

Esto es de importancia para las empresas que quieren tener ventajas de tecnología. Es más eficiente asignar un teléfono inteligente a un vendedor para registrar su venta y su ruta recorrida vía GPS, que indicarle que debe trasladarse a la oficina, usar una computadora en horas o días específicos, por ejemplo. También existen sistemas integrados de caja, en los que uno puede facturar y realizar cobros directamente en el teléfono. Muchos procesos internos y de clientes se van a ver modificados por la existencia misma de los teléfonos.

Hace unos años el teléfono inteligente era una amenaza en la oficina, así como muchas personas han visto las redes sociales. Tanto como un peligro que genera pérdidas de tiempo como riesgos de seguridad. Esto es temor al cambio en muchas ocasiones. En otras, puro desconocimiento de las capacidades y potencial.

El celular permite dejar de depender de infraestructuras de red complejas y de legado, que han sido inversión importante también en el pasado, en empresas de todo tamaño. Ahora, si una empresa realmente lo decide, se lo puede ahorrar, así como dejar de tener servidores gracias a la nube.

Cuando se trata de los celulares, ya no es una opción elegante o un lujo para ver videos y tomar fotografías. Se trata de un cambio de paradigma y de la primera tecnología que podríamos decir que es realmente personal, universal y difundida de manera abierta. Está en camino a ser un estándar, la primera tecnología que tendremos todos. Hay que saberlo aprovechar.

*Vicegerente de Innovación de Banpro