Manuel Coronel Novoa
  • Managua, Nicaragua |
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Me dice un amigo barbero allá en Managua:
—El problema no es llegar a viejo, el problema es llegar palmado (sin reales).

Si somos pobres o si tenemos medianos o altos ingresos, podemos tener diferentes niveles de vida, pero al final de nuestra vida laboral todos enfrentamos el mismo clavo: bajar ese nivel de vida, muchos con el riesgo de caer en la pobreza y el abandono. La inseguridad financiera, el fantasma que —si sos un nicaragüense promedio— conociste cuando, chavalo, saliste a buscar tu primer pegue, regresa a tu vida, pero esta vez no la podés resolver en tu futuro, sino la tuviste que haber resuelto en tu pasado.

Cuando estás joven y saludable, en plena edad laboral, la deducción del INSS solo está ahí para reducir tu ingreso disponible, y te da hasta lástima ver aquel “desperdicio” en tu colilla de pago, pero cuando vas dando la vuelta y llegas a los 50, como yo, te das cuenta que aquellas “dolorosas” deducciones fueron nada menos que el negocio de tu vida.

Caés en la cuenta que tu suegra no te va a dejar aquel terreno que te ofreció cuando te casaste y que estás entre la inmensa mayoría de nicaragüenses que no reciben ninguna herencia material de sus padres, que los reales que ganaste en un negocio los perdiste en el otro, y que en el bienestar y la educación de tus hijos estás invirtiendo todos tus ahorros, si no es que ya por eso te endeudaste hasta la coronilla. En otras palabras, los reales van y vienen, si es que alguna vez los tuviste, y que con lo único que —a ciencia cierta— vas a contar en tu vejez es con tu cheque del seguro social.

En su anuario estadístico del 2015, el INSS reportó unos 811,000 asegurados. De esos, aproximadamente 711,000 son asegurados en régimen obligatorio, es decir, son asalariados formales que aportan al seguro con un complemento de sus empleadores. El resto, casi 100,000, estamos afiliados —me incluyo— al seguro facultativo voluntario, y cotizamos sin intermediarios, directamente a una cuenta bancaria del INSS. Estos últimos no tenemos empleador en Nicaragua y trabajamos por cuenta propia. Somos comerciantes, finqueros, empleadas domésticas, contratistas de la construcción, y entre otros, profesionales que nos desempeñamos dentro y fuera del país.

Cuando dejé mi país en 2008 y dejé de cotizar al seguro obligatorio de régimen integral a través de mi empleador, cometí el craso error de no transferirme de inmediato al seguro facultativo voluntario, perdiendo dos valiosos años en mi carrera hacia las reglamentarias 750 semanas para activar mi pensión. Sufrí de un doble remordimiento cuando al hacer mis números, caí en la cuenta que, para vos, trabajador por cuenta propia, es el negocio de tu vida, no solo de la mía. Cotizás una fracción de tu ingreso (puede ser que aportés por debajo o llegués al techo máximo cotizable —depende de tus ingresos—) por 15 años, y recibís una pensión mensual con un rendimiento de 5 a 7 veces mayor al costo de oportunidad del dinero que aportaste, tomando como referencia la tasa pasiva promedio de la banca en los últimos tres quinquenios. Así es, no hay cuenta bancaria que compita con el INSS.

Un día del 2011, gracias a los sabios consejos de mi padre —un experimentado octogenario— corregí mi insensatez y me afilié al facultativo. Al finquero que venía delante de mí, y al conductor que venía detrás de mí —nos atendieron simultáneamente— nos tomó 30 minutos afiliarnos: Cédula, formato de una página con datos básicos, nos dan nuestro historial laboral y número de semanas acumuladas, explican las obligaciones y beneficios, y listo, ¡a cotizar en cualquier banco local! Desde entonces cotizo en el negocio de mi vida.

Sin embargo, en nuestro predominante mercado laboral informal, centenares de miles de trabajadores por cuenta propia aún no se afilian al seguro facultativo. El INSS no solo ha crecido enormemente, sino que se ha modernizado.

Del 2007 a la fecha, las afiliaciones se han duplicado, pero sus responsabilidades con beneficiarios no contributivos también han aumentado, de manera que tu afiliación al facultativo inyecta mayor liquidez a nuestro sistema de pensiones. Más eficiente y con mejores sistemas, el INSS estaría listo para un empuje en la demanda del sector informal. Sabemos que la propensidad para ahorrar es muy baja, la mayoría de la gente vive “coyol quebrado, coyol comido”, pero el trabajador por cuenta propia no es necesariamente más pobre que el asalariado. Si el asalariado lo hace, ¿por qué no el trabajador por cuenta propia? A este último, comerciante, profesional, finquero, y al que vive en el exterior y piensa regresar al país a retirarse, y aún no se ha afiliado al facultativo, ¿qué estás esperando? Como yo, hacé también el negocio de tu vida.

El autor es economista, asesor del director por Brasil en el FMI y representante de Nicaragua. Sus artículos expresan su opinión y no reflejan las del FMI ni la de los gobiernos que representa.