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La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estima que si la temperatura media de la región aumentara en 2.5 grados centígrados, probablemente alrededor de 2050, los efectos en la economía de América Latina y el Caribe serían, aún con un alto nivel de incertidumbre, de 1.5% a 5% del producto interno bruto (PIB).

Joseluis Samaniego, director de la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de la Cepal, afirmó que “ya de por sí el riesgo que implica el calentamiento global para las economías es enorme”, en una entrevista con el programa virtual “Horizontes Cepal”, de esa entidad de las Naciones Unidas.

María Auxiliadora Briones, gerente general de la Fundación para el Desarrollo Tecnológico Agropecuario y Forestal de Nicaragua (Funica), recordó que uno de los sectores más afectados por el cambio climático es el agropecuario y que “Nicaragua es un país eminentemente agrícola y ganadero”.

“Cualquier afectación en este sector viene a incidir de manera directa en la economía. Cuando se habla de afectaciones del cambio climático en el producto interno bruto, estamos hablando de que afecta la productividad, los volúmenes de exportación podrían ser menores y por lo tanto los ingresos serán menores”, explicó Briones.

La gerente general de Funica aseguró que el cambio climático ya está influyendo en los dos principales productos de exportación de Nicaragua: la ganadería y el café. En este último, se han realizado algunos estudios que reflejan que algunas zonas del país ya no son aptas para el rojito.

TENSIÓN

Samaniego dijo que se está viendo “permanentemente una tensión entre el viejo mundo que se aferra a continuar y el nuevo mundo que no acaba de emerger”, refiriéndose a que aún no se ha tomado plenamente conciencia sobre el problema del cambio climático.

En ese sentido, refirió que la Cepal está tratando de “poner sobre la mesa que hay opciones de desarrollo distintas que pueden encuadrarse mejor dentro de los límites naturales sin sacrificar el bienestar”.

“Estamos viendo que las soluciones tecnológicas, en las que se tuvo muchísima confianza en la segunda mitad del siglo XX, no están pudiendo responder con la velocidad necesaria a los retos del siglo XXI. Por ejemplo, la gran confianza que se depositó en algún momento en la captura de carbono, en el secuestro y captura de carbono industrial, sigue siendo cara y demasiado a poco escala como para que sea una solución”, comentó el especialista de la Cepal.