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El lavado de dinero es una actividad delictiva que consiste en ingresar fondos de fuentes ilícitas a la economía formal, una de las metodologías de las organizaciones delictivas es la creación de empresas fachada.

La Organización de Estados Americanos (OEA) indica que las personas cometen lavado de dinero cuando “adquiera, posea, tenga, convierte, utilice, transfiera y transporte a sabiendas, debiendo saber o con ignorancia intencional, productos o instrumentos de actividades delictivas graves; así como quien oculte, disimule o impida la determinación real de la naturaleza, el origen, la ubicación, el destino, el movimiento o la propiedad de bienes o derechos relativos a tales bienes a sabiendas de que son producto o instrumentos de actividades delictivas graves”.

Según el Grupo de Acción Financiera (GAFI), existen tres etapas del lavado de dinero: colocación, estatificación e integración.

Inicialmente la organización delictiva busca deshacerse del dinero generado por su actividad insertándolo en la economía formal a través de negocios, adquisición de bienes o insertándolo en el sistema financiero por medio de depósitos, pólizas de seguros e instrumentos financieros .

Posteriormente, realiza una serie de transacciones comerciales o financieras para encubrir el origen de los fondos y conseguir anonimidad. Las estructuras delictivas se apoyan en transacciones financieras complejas para dificultar el rastreo por parte de las instituciones bancarias y oficiales de un país.

Finalmente, las organizaciones delictivas vuelven a introducir a la economía los fondos simulando que son provenientes de actividades legales.

Los negocios formales

En diversas ocasiones las estructuras delictivas que cometen lavado de dinero optan por adquirir negocios formales con el dinero ilícito, los establecimientos adquiridos se inclinan al área de la administración de mucho efectivo, son difíciles de auditar y carecen de regulación de precios.

Los grandes volúmenes del comercio internacional lo convierten en un blanco atractivo para las organizaciones de blanqueo de fondos, por medio de alteración de precios y cantidad de producto transado, o envíos diferentes a lo facturado. En algunos casos no existe tal envío de bienes.

En Nicaragua el lavado de dinero tiene una pena de entre 5 y 7 años de prisión y una multa de hasta tres veces más del valor lavado.

Si los fondos provienen del tráfico de estupefacientes o psicotrópicos o de otras actividades delictivas distintas al crimen organizado, los implicados deberán pagar una multa de hasta seis veces el monto lavado y un tiempo en prisión entre 7 y 15 años, según el Código Penal.